jueves, 31 de mayo de 2007

Comenzaron ancestros de primates del hombre a caminar en árboles

De acuerdo con los resultados de las investigaciones, el bipedalismo se usó para recorrer las ramas más débiles donde están las mejores frutas y también para pasar de un árbol a otro.

EFE

El Universal
Jueves 31 de mayo de 2007

Washington.- Los primates ancestros del hombre moderno comenzaron a caminar en los árboles antes de hacerlo en tierra, según afirma un estudio de paleontólogos ingleses divulgado hoy por la revista Science.

Las actuales teorías sobre la evolución de los homínidos señalaban que el bipedalismo, la característica que diferencia al hombre de sus parientes primates, comenzó cuando éstos descendieron de los árboles, no antes.

Y una de las explicaciones más socorridas ha sido que los ancestros de chimpancés, gorilas y, por último, el hombre, descendieron de los árboles para desplazarse en cuatro patas.
Con el tiempo, comenzaron a caminar apoyándose en los nudillos y después sobre sólo sus extremidades inferiores, como los seres humanos.

Sin embargo, según los paleontólogos de la Universidad de Liverpool, ese razonamiento comenzó a complicarse cuando estudios recientes en fósiles mostraron que algunos homínidos, incluyendo el de Lucy (australopithecus afarensis) , vivieron en bosques.


Al mismo tiempo, otras formas más primitivas como la del Hombre del Milenio (Orrorin) parecen haber vivido en la copa de los árboles pero se desplazaban sobre sus extremidades inferiores.

"Los resultados de nuestro estudio han confundido el panorama", señaló Robin Crompton, uno de los autores de la investigación.

"Si estamos en lo cierto, esto significa que no se puede confiar que el bipedalismo nos diga si estamos mirando al ancestro de un ser humano o al de otro primate" , indicó.
"Es cada vez más difícil decir qué es humano y qué es simio y nuestro trabajo lo confirma", según el científico.

Crompton, Susannah Thorpe y Roger Holder, de la Universidad de Birmingham, llegaron a la conclusión sobre el bipedalismo arboreo de los primates al observar orangutanes en Sumatra, Indonesia.

Según señalaron, los orangutanes pasan la mayor parte de su vida en los árboles, lo que los convierte en modelos útiles para establecer cómo se desplazaron nuestros ancestros hace millones de años.

Debido a que esos ancestros comían frutas, habrían tenido que apoyarse en ramas débiles en la periferia de la copa de los árboles.


Caminar sobre sus extremidades inferiores y utilizar sus brazos para equilibrarse les habría ayudado a desplazarse, según señalan.

"Nuestros resultados sugieren que el bipedalismo se usó para recorrer las ramas más débiles donde están las mejores frutas y también para pasar de un árbol a otro" , según Thorpe.
Los científicos creen que al bipedalismo contribuyó un cambio climático registrado hace entre 5 millones y 24 millones de años en el que disminuyó la frondosidad de los árboles.
Debido a un ambiente más árido, comenzaron a encontrar dificultades para pasar de un árbol a otro por la disminución de la espesura.
Los ancestros humanos respondieron a este problema abandonando las copas de los árboles para llegar al suelo de las selvas donde mantuvieron su bipedalismo y comenzaron a alimentarse en árboles más pequeños.


Por su parte, los ancestros de chimpancés y gorilas se especializaron más en el ascenso vertical de los árboles y desarrollaron su forma de caminar sobre los nudillos. "Nuestra conclusión es que el bipedalismo arboreo tuvo grandes beneficios adaptivos. Por ello es que no necesitamos explicar cómo nuestros ancestros pasaron de ser cuadrúpedos a bípedos", dijo Thorpe.




Los bípedos aprendieron a caminar en los árboles, con la ayuda de sus manos.



Jueves 31 de Mayo de 2007



Fuente :AFP

Investigadores británicos defienden esta hipótesis a partir del comportamiento de orangutanes en la isla indonesia de Sumatra.

PARIS.- Los primeros bípedos, ancestros de los hombres, aprendieron a caminar entre los árboles, con la ayuda de sus manos, sugieren investigadores británicos tras estudiar a los orangutanes actuales.

En un texto publicado en la revista Science, sus autores defienden esta hipótesis a partir del comportamiento de orangutanes en la isla indonesia de Sumatra.Esos grandes simios pelirrojos, que pasan casi toda su vida colgados de los árboles, se desplazan de tres maneras distintas cuando buscan comida, explican los tres biologistas, Susannah Torpe y Roger Holder, de la Universidad de Birmingham, y Robin Crompton, de la Universidad de Liverpool.Cuando trepan los árboles y llegan a una rama horizontal robusta, caminan a cuatro patas. Al toparse con ramas de menor espesor, se cuelgan de ellas para avanzar.Al acercarse a las ramas más largas y menos resistentes de las copas de los árboles, en cuyo extremo se encuentran los frutos más apetitosos, se yerguen y se apoyan en sus pies.El equilibrio lo logran desplegando sus largos brazos, como trapecistas, hasta que pueden encontrar otra rama superior.Los orangutanes pesan demasiado para poder saltar de rama en rama, como hacen los chimpancés.Caminando sobre sus dos piernas "con la ayuda de sus manos", según la expresión acuñada por estos científicos, los orangutanes indonesios dan la clave de una técnica de locomoción que podría ser la de los primeros homínidos, que aún vivían en los árboles.


La teoría es "un argumento plausible y elegante que explica la emergencia de los bípedos en un contexto arborícola, en lugar de terrestre", señalan en el mismo número de la revista Paul O’Higgins y Sarah Elton, de la Hull York Medical School.A medida que fueron apareciendo más y más claros de bosque en Africa, durante el Mioceno (de 5 a 23 millones de años atrás), los ancestros de los chimpancés y gorilas decidieron bajar regularmente al suelo para "inventar" una marcha cuadrúpeda original, apoyándose en sus manos replegadas.

El ancestro del orangután asiático perfeccionó incluso esa locomoción luego de vuelta, en la cima de los árboles, mientras que el bípedo del cual descendió el hombre decidió fortalecer ese estilo en el suelo, en las sabanas.El problema es que ese "descenso de los árboles", muy popular como teoría desde hace décadas, no ha sido jamás demostrado y tan sólo constituye una de las tentativas para explicar el caminar erguido del hombre, que no tiene equivalente en el mundo de los primates."Si nuestro ancestro tenía una anatomía como la que permite a los orangutanes hacer lo que hacen, con manos y pies tan bien adaptados a la escalada y a la suspensión, entonces era demasiado especializado para explicar lo que somos actualmente", considera la antropóloga francesa Yvette Deloison, en declaraciones a la AFP.

Leakey advierte del peligro de la extinción de los homínidos no humanos.



















Uno de los más destacados conservacionistas del mundo, Richard Leaky, ha advertido del peligro de extinción de los grandes monos, los primates más próximos al hombre.

Según Leakey, paleontólogo y actual presidente de la organización "Wildlife Direct", los simios de todo el mundo se exponen a los efectos combinados de la caza, las enfermedades y la deforestación.

El recurso creciente a los biocombustibles constituye un peligro añadido ya que ha aumentado la presión para la tala de los bosques tropicales, que son el hábitat de esos animales, explica Leaky, citado hoy por el diario británico "The Guardian".


Los expertos advierten de que el consumo cada vez mayor de combustibles alternativos puede significar la desaparición, al cabo de una generación, de los 50.000 animales que aún sobreviven.
Leakey, que estuvo muchos años al frente del servicio de la vida salvaje de Kenia, país donde nació en 1944, reiterará hoy su advertencia en una conferencia que publicará en la Royal Geographical Society, de Londres.



Según el zoólogo y paleontólogo, la actividad humana es directamente responsable de la muerte de millones de gorilas, chimpancés y otros simios en todo el mundo.

Aproximadamente un 80 por ciento del hábitat de los orangutanes del sureste de Asia ha sido arrasado en los últimos veinte años por la demanda creciente de terreno en el que producir aceite de palma destinado a los mercados tropicales.

Leakey ha hecho un llamamiento a los políticos que preparan un nuevo tratado internacional que regule las emisiones de CO2 que se centren más en los incentivos para conservar los bosques tropicales del sureste asiático, de Africa y de América Central y del Sur.



Según el experto, la lucha contra la deforestación serviría al mismo tiempo para limitar el efecto invernadero y evitar la extinción de los primates.

Leakey, que patrocina un programa de la ONU para la supervivencia
de los grandes monos, reclama soluciones más imaginativas, como los créditos a la conservación de la biodiversidad y los hábitats de la vida salvaje que un país podría vender a otros para "compensar" sus propias emisiones de CO2.

"Parece que nos cuesta mucho más conservar la belleza natural que gastarnos 80 millones de libras en un Picasso y una fortuna en perseguirlo", critica el naturalista.


Leakey insiste en que los países en desarrollo deben asumir su parte alícuota de responsabilidad en el calentamiento global, sobre todo en lo que respecta a la deforestación.

"No creo que Kenia pueda escudarse en el hecho de que somos un país joven y que, como antes nos explotaron, tienen que concedernos ahora un respiro. Hay que mirar el efecto que todos tenemos en el planeta", explica.

Leakey critica el llamado "ecoturismo", palabra de la que dice que encierra una contradicción porque no hay turismo ecológico sino que se trata de "una carrera desesperada por hacer dinero mientras se pueda".

lunes, 28 de mayo de 2007

ESPAÑA SE ADHIERE A LA DECLARACIÓN DE KINSHASA POR LA CONSERVACIÓN DE LOS GRANDES SIMIOS


La ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, firmó el día 22 de mayo en Madrid la adhesión de España a la Declaración de Kinshasa (GRASP), encaminada a garantizar la conservación de los grandes simios. Narbona quiso que la rúbrica se efectuara el Día Mundial de la Biodiversidad y junto a Jane Goodall, una de las más prestigiosas expertas en primates y Mensajera de Paz de Naciones Unidas, que ha recibido, entre otras distinciones, el Premio Príncipe de Asturias a la Investigación Técnica y Científica.

"Esta firma es la muestra del compromiso de nuestro Gobierno en la lucha contra la desaparición de los grandes simios en el marco del propósito de frenar el declive de la biodiversidad en el horizonte del año 2010 y forma parte del conjunto de compromisos que nuestro país asumió cuando firmó la Convención de Naciones Unidas relativa a la biodiversidad", afirmó Narbona.



"Se trata de un pequeño gesto pero cargado del valor político, que supone un compromiso con la principal labor que Jane Goodall ha desarrollado estos años", indicó la ministra de Medio Ambiente. Esta adhesión promoverá la participación española en proyectos que se desarrollen "in situ" para la conservación de los grandes simios bajo los objetivos de la Declaración de Kinshasa, que persigue acabar con la desaparición de grandes simios y su hábitat en 2010 y asegurar la supervivencia en libertad de todas las especies y subespecies en 2015.



Se ha cumplido uno de los objetibos importantes que el Proyecto Gran Simio tenia en cartera y ha sido gracias al esfuerzo de sus componenetes, que durante siete años, han sabido culturizar a la prensa y a la sociedad en general, de la vida de los grandes simios, sus capacidades cognitivas, sus derechos.


El Proyecto Gran Simio presento ante el congreso de los Diputados su trabajo y esta sensibilidad que ha ido manifestándose poco a poco en nuestra sociedad, ha hecho posible que se haya firmado este acuerdo histórico, esperando que desde el Ministerio de Medio Ambiente, cumpla los requisitos de este compromiso.

Ahora falta que se promulgue una Ley de homínidos no humanos, en los que se les protejan de sus tres derechos fundamentales: a la vida, la libertad (los que esten encautividad que esten en condiciones dignas) y no ser torturados no física ni psicológicamente.


El Proyecto Gran Simio recuerda que ha efectuado el rescate de Yacki, Lulu, Lucas, Kiko y seis chimpancés más venidos de un circo. Cada uno de ellos el proceso ha sido largo, con campañas de prensa y meses de arduo trabajo por parte del PGS. También se han efectuado rescates de otros primates y macacos que se han rescatado de centros de experimentación, así como otros animales de diferentes especies.

También el PGS esta embarcado en Proyectos de Educación en el Congo, realizando exploraciones en Costa de Marfil para realizar el primer censo del país de grandes simios y comprobar como se encuentra la zona y posiblemente realizará proyectos con otros Santuarios.

domingo, 20 de mayo de 2007

Gorilas en el Ébola


El parque nacional de Ozdala, en el corazón del Congo, es una extensión de bosque tropical que cubre más de 13.200 kilómetros cuadrados y que constituye uno de los ecosistemas más misteriosos e impenetrables. "Si no tienes el camino hecho, te puede llevar hasta cuatro horas avanzar 500 metros", dice José Domingo Rodríguez-Teijeiro, catedrático de biología de la Universidad de Barcelona. "Es como andar por un corredor en el que sólo puedes ver un metro por delante y otro por detrás".

Cincuenta kilómetros al suroeste del parque se localiza una región llamada Lossi. Con una extensión de unos 320 kilómetros cuadrados, el lugar acumula una concentración tan excepcional de gorilas que no se da en ningún otro lugar del mundo. Y es en este mundo de penumbra donde el equipo de Rodríguez-Teijeiro, liderado por la antropóloga Magdalena Bermejo, viene denunciando una matanza sin precedentes: más de 5.000 gorilas de llanura (Gorilla gorilla gorilla) podrían haber sucumbido ya al zarpazo del virus Ébola, el organismo más letal que se conoce, según afirman en el estudio más reciente publicado en la revista Science. Se calcula que quedan unos 94.000 de estos animales. De acuerdo con otras estimaciones procedentes del Instituto Max Planck, el Ébola y la caza furtiva podría haber acabado ya con el 25% de los ejemplares. "Lo que está haciendo el virus es atacar a las poblaciones grandes", explica Peter Walsh, antropólogo del Instituto Max Planck. "La mayor parte de todos los que hay en el mundo se concentran en una zona donde la gente los mata para comer, por lo que el virus y la caza pueden colocarlos en un estado de extinción ecológica". Un escenario plausible en las siguientes décadas, que presenta a los gorilas en poblaciones de unos pocos individuos, que requerirían de vigilancia y continuas intervenciones médicas para que no desaparecieran: un parque zoológico en plena selva.

Las primeras sospechas sobre la acción destructiva del Ébola en estos primates se remontan al año 2000, cuando científicos del Centro Internacional de Investigaciones Médicas de Franceville (Gabón) confirmaron mediante exámenes genéticos la presencia del virus en seis cadáveres, cuatro de gorilas y dos de chimpancés. En esa ocasión, el Ébola surgió de la selva y acabó rápidamente con la vida de cien personas. Estos zarpazos a las poblaciones humanas, intermitentes y mortíferos, suelen relacionarse con el hallazgo de carcasas de grandes monos. "Sabíamos que esto podría ocurrir desde hace al menos 10 o 12 años", explica Walsh. "Lo que la gente discutía entonces era que el Ébola no estaba matando a muchos animales, por lo que decían: 'No tenemos de qué preocuparnos'. Nosotros venimos a decir que sí, que la matanza es grande". Los análisis genéticos pueden ser sólo la punta de un iceberg, precisamente porque en un lugar tan inextricable como Lossi, tropezarse accidentalmente con un cadáver de gorila mientras uno se abre paso con una visibilidad tan reducida, resulta algo excepcional. "No lo encuentras, a menos que la carcasa sea reciente y la detectes por el olor a carne podrida", explica Rodríguez-Teijeiro.

A las dificultades impuestas para realizar más análisis se suma otra: si la carcasa está infectada, manejarla con las manos desnudas resulta un suicidio; algunas variantes del Ébola han matado a nueve personas de cada diez que infectan. "La probabilidad de contaminación es de un 100%", afirma Rodríguez-Teijeiro. Por eso, los virólogos que toman muestras tienen que enfundarse un traje de protección bacteriológica dotado de aire propio en un ambiente sofocante, con 25 grados de temperatura y una humedad altísima. De esta manera, realizan una autopsia en medio de una naturaleza salvaje. Las máscaras se limpian a fondo una vez hecho el trabajo. Con el Ébola, nada puede dejarse al azar.

Bermejo lleva observando a los gorilas desde 1994, acostumbrándolos a la presencia humana, dentro de un proyecto del programa ECOFAC (Conservación y Utilización Racional de los Ecosistemas Forestales de África Central), para incentivar el turismo ecológico en la región. Es un trabajo lento y difícil. "Hay que tener paciencia, y estar quieto, sobre todo al principio", explica Rodríguez-Teijeiro, describiendo las experiencias de su colega. "Ella ha tenido la valentía de aguantar el ataque de un espalda plateada, 200 kilos de musculatura, a medio metro, mientras el macho produce unos alaridos espantosos y muestra sus grandes incisivos. De ahí el apodo de dama de hierro con que se la conoce". Este tipo de ataques pone a prueba los nervios del observador, hasta que los animales se habitúan a su presencia.


Aparte de los estudios de comportamiento, el programa de ECOFAC quiere rentabilizar una de las zonas más ricas en gorilas del planeta. Las sumas dejadas por los turistas, que ansían contemplar y fotografiar a estos extraordinarios animales en sus nidos, pueden resultar más ventajosas para los habitantes de las aldeas cercanas a Lossi que ceder a la tentación de matar a los primates y malvender carne de gorila en los mercados. Lossi es precisamente un santuario (reserva natural de fauna desde 2001) debido al respeto local que infunden estos animales; los lugareños piensan que el gorila es mucho más que un animal, que tiene algo así como alma.

El Ébola ha irrumpido en el proyecto de forma desastrosa. Los gorilas a los que Bermejo se ha ido aproximando con lentitud para ganarse finalmente su confianza se han desvanecido casi de la noche a la mañana. En el otoño de 2002, la epidemia se propagó hasta el límite este del santuario, y pareció detenerse en los márgenes del río. El equipo español observó entonces que varios grupos de gorilas habían sobrevivido, quizá por algún tipo de inmunidad natural, lo que alimentó las esperanzas para reemprender el programa. Fue un respiro pasajero. El virus continuó su expansión, esta vez hacia el sur, y en enero de 2004 eliminó a 91 de los 95 individuos reconocibles por el grupo de españoles. Los dos años siguientes cuentan una historia pesimista; el equipo de Bermejo cree que el virus ha limpiado de gorilas una zona de 2.700 kilómetros cuadrados.

La historia del Ébola en las poblaciones de gorilas y chimpancés corre paralela a los inexplicables zarpazos que el virus ha asestado a las poblaciones humanas desde que, en 1976, apareció en el Congo (el antiguo Zaire), en las riberas del río Ébola. Popularizado en la obra de Richard Preston La zona caliente, el virus destroza tejidos y vasos sanguíneos, provocando fiebres, dolores intensos de cabeza y vómitos. La persona infectada puede exhibir un color rojizo en los ojos y vomitar una especie de esputo sanguinolento. Preston describe de forma dramática algunos de los síntomas: "Empezó a parecer un zombi".
Virus ébola

El Ébola ha matado en África a más de 1.200 personas en un cuarto de siglo, de acuerdo con la OMS (Organización Mundial de la Salud); una cifra que, estadísticamente, es una gota en la mortalidad ocasionada por otras enfermedades tropicales, como la malaria (entre uno y cinco millones de muertes anuales), las infecciones respiratorias (más de cuatro millones), la diarrea (2,2 millones) y el sida (3 millones). Lo cierto es que, al tratarse de un "virus caliente", con una letalidad muy alta en los humanos ?entre el 41% y el 100%?, la atención que despiertan los brotes de Ébola desplaza a menudo a los otros grandes matadores, menos espectaculares, aunque siniestramente más eficaces.

Las reacciones que causa el Ébola cuando irrumpe en las pobres aldeas africanas cristalizan en una palabra: terror. Al principio sólo es un dolor de cabeza que no desaparece con los analgésicos. Luego, tras una incubación extraordinariamente variable, entre 2 y 21 días, sobrevienen las fiebres y hemorragias, y la irrupción de la enfermedad es rápida y mortífera.
El patrón suele ser el mismo. Una partida de caza termina con el hallazgo de una carcasa de gorila o chimpancé infectado. Alguien lo toca, se pone enfermo y queda bajo el cuidado de la mujer en su casa. Más miembros de la familia mueren, cunde el pánico y se produce una desbandada. Si el virus ya no tiene a quien matar, el brote queda extinguido. Si alguno de los familiares llega al hospital local, contagia el virus a otras personas en la sala de espera, que retornan a sus aldeas recorriendo decenas de kilómetros a pie, extendiendo la epidemia. En las fases más virulentas de ésta, la gente simplemente abandonaba aterrorizada a sus familiares que agonizaban, o dejaban cartas en los hospitales con instrucciones de quemar sus casas y los cuerpos de sus seres queridos.
Lo que sigue trayendo de cabeza a los investigadores es el misterioso reservorio natural del virus, qué animal lo porta sin sufrir la enfermedad. La alta mortandad que ocasiona en los grandes primates los descarta de un plumazo. Algunos estudios apuntan a ciertas especies de murciélagos frugívoros y sus cuevas como los focos iniciales de transmisión, aunque no existe certeza? Aún.







sábado, 19 de mayo de 2007

Expertos alertan extinción grandes simios supondrá pérdida nuestra herencia genética


El hombre debe tomar conciencia de la necesidad de conservar la selva tropical donde habitan los grandes simios amenazados de extinción, porque si desaparecen se perderá nuestra herencia y quedará arrasada la memoria genética de la vida, según han alertado hoy destacados primatólogos internacionales.

Figuras de reconocido prestigio como Jane Goodall, que lleva cerca de 40 años dedicada a la protección de los chimpancés en Africa, Ricard Wrangham, Peter D. Walsh o Alex Rübel han lanzado este mensaje durante la jornada "Pasado, presente y futuro de los grandes simios. ¿Es la extinción inevitable?", que se ha celebrado en el centro CosmoCaixa de Barcelona.


El director de la jornada y del Instituto Catalán de Paleontología, Salvador Moya, ha explicado a Efe que esta reunión tiene como propósito llamar la atención sobre el peligro de extinción que se cierne sobre los grandes primates, convencido de que sólo la concienciación puede poner freno a un proceso que podría ser irrevocable."La situación es dramática. Estamos arrasando con la memoria genética de la vida. El día que desaparezcan los grandes simios se habrá perdido algo totalmente irrecuperable porque son la única fuente que tenemos para conocer cómo eran nuestros antepasados, desde el punto de vista genético, molecular o del comportamiento. Si desaparecen, perderemos nuestra propia herencia", ha asegurado.

Datos como que en un siglo la población de chimpancés del planeta ha pasado de un millón a algo más de 100.000 dan fe del problema, así como que las expectativas de supervivencia de los orangutanes no superan los quince años si no se toman medidas drásticas.Además de la caza furtiva, el principal causante de su situación de vulnerabilidad es la reducción de la selva tropical en la zona ecuatorial africana, Borneo y Sumatra.Este experto ha destacado la paradoja que supone que el principal enemigo de los grandes primates sea justamente ahora la forma de vida que parte de ellos y que hace seis millones de años dio origen al hombre en el continente africano.

Moya ha alertado de la incapacidad de estos simios para adaptarse a los cambios en su hábitat debido a su gran especialización, adoptada hace catorce millones de años para poder sobrevivir en la selva tropical que imperaba entonces en gran parte del planeta.'Iniciaron entonces un camino sin retorno', ha subrayado.La reducción de las zonas de selva tropical empezaron ya hace doce millones de años, cuando se inició un cambio climático que continúa hoy en día y que se ha acelerado en los últimos 2.000 años como consecuencia de la acción del hombre.


La bióloga y profesora del ICREA especializada en grandes primates Meike Kohler ha destacado también en su conferencia la dificultad de los grandes simios para reproducirse, dado que algunos tienen crías cada cuatro o cinco años y la mayor parte de ellas no sobrevive al destete.Pese a ser longevos (en cautividad pueden llegar a los 55 años y hay un chimpancé que ha llegado a los 74), cuando se produce un accidente que reduce una población tienen muchas dificultades para recuperarse y suelen extinguirse.Los expertos insisten en que sólo la conservación del hábitat natural, creando grandes parques de bosques tropicales, puede frenar su extinción, para lo que se requieren recursos económicos y ayudas a los países del tercer mundo para ofrecer alternativas a aquellos que hoy viven de los grandes simios.La reclusión de estos animales en zoológicos es otra vía que se estudia y se ha empezado a implementar para garantizar su conservación, aunque Moya ha advertido que cuando un orangután o un gorila vive en cautividad se corre el peligro de domesticarlo y acaba convirtiéndose en un animal diferente.En la jornada de hoy, el profesor en el Instituto de Filosofía del CSIC, Jesús Mosterín, uno de los promotores de la propuesta que se ha presentado en el Congreso para otorgar a los grandes simios los mismos derechos que los hombres, se ha planteado además preguntas como qué sentido tiene "exterminar o torturar a nuestros primos".



El Proyecto Gran Simio está convencido que los zoológicos no son la via de conservación de los grandes simios, y que debe ser la conservación de su propio hábitat. Para ello debemos aunar esfuerzos en la conservación, debemos pedir URGENTEMENTE a la comunidad Internacional, que las SELVAS TROPICALES, HABITAT DE LOS GRANDES SIMIOS, sean declaradas PATRIMONIO A LA HUMANIDAD, PATRIMONIO DE LA BIODIVERSIDAD.

Desde la creación del Proyecto Gran Simio hace años, uno de sus principales objetivos es la protección de los bosques primarios y a ello se ha dedicado y dedicará con gran esfuerzo.

El gorila transmitió las ladillas al ser humano hace tres millones de años

Los científicos creen que el contagio se produjo por dormir el hombre en nidos del gran simio.

Fue hace 3,3 millones de años cuando el hombre empezó a coger ladillas, y la culpa la tuvieron los gorilas. No hay que pensar mal. Los expertos no creen que ocurriese copulando, sino más probablemente al alternarse en los lechos o incluso al comer el hombre al gran simio.


«Ciertamente, no tendría que ser lo que mucha gente va a asumir inmediatamente, que es el coito entre humanos y gorilas, sino que en vez de algo sórdido pudo haberse derivado de una actividad considerablemente más aburrida», dice David Reed, uno de los autores del estudio. El experto advierte que ambas especies convivían de una forma tan cercana en aquellos tiempos y compartían tantas actividades cotidianas que la del acto sexual sería la menos probable.



Pistas evolutivas


El curioso estudio de la Universidad de Florida, que se ha publicado en la revista 'BMC Biology Journal', aporta valiosas pistas sobre la evolución del hombre y sus costumbres. El ser humano es el único animal cuyo cuerpo sirve de huésped para dos tipos de parásitos muy similares que no conviven en ningún otro animal: los piojos en la cabeza y las ladillas en el pubis. «Ambas especies compiten entre sí. Por eso no pueden convivir», explica Reed desde el Museo de Historia Natural de Florida, donde trabaja como conservador de mamíferos.

Los piojos se quedaron con los chimpancés y las ladillas con los gorilas. Por esa época, hace 3,3 millones de años, el hombre había empezado a perder el pelo del cuerpo y eso puso suficiente distancia entre los parásitos como para que las dos especies pudieran chuparle la sangre al mismo individuo sin molestarse entre ellas.


Millones de años atrás, el hombre ocupaba los nidos en los que había dormido la noche antes algún gorila, y de paso las ladillas que quedaban encontraban un nuevo hogar para seguir su carrera.

Otra de las opciones que barajan los siete expertos es que el hombre cazase gorilas para alimentarse de ellos. En tal caso, el contagio se habría producido durante los trabajos carniceros.


miércoles, 16 de mayo de 2007

Hallan en Egipto el cráneo completo del ancestro más antiguo de monos y humanos.

El antepasado más antiguo de los monos, los simios y los humanos vivió en el norte de África hace la friolera de 29 millones de años, tenía un cerebro más pequeño de lo que hasta ahora se pensaba y la diferencia en el tamaño de ambos sexos era muy grande, lo que se relaciona con un tipo de estructura social en el que convivían en el mismo grupo varios machos y hembras. Todo ello ha podido averiguarse gracias al estudio de un cráneo de la especie Aegyptopithecus zeuxis, realizado por investigadores de la Universidad de Duke.

El cráneo, el segundo que aparece de este extinto animal y el más completo, fue encontrado en el año 2004 en la depresión de Fayum, una región en el centro de Egipto, pero ha sido ahora cuando el equipo dirigido por Elwyn Simons, de la División de Primates Fósiles de la universidad americana, ha identificado la especie utilizando el micro-escáner CT, una técnica de rayos X computerizada que sirve para calcular las dimensiones del cerebro una vez encajonado en un cráneo.

El primer cráneo A. zeuxis fue encontrado por Simons en 1966, también en Egipto, y por sus características y antigüedad (unos 30 millones de años y más) se considera el antepasado común de la familia Hominoidea (la de los simios y el ser humano) y la de los monos. Por lo que se ha logrado averiguar, se trataba de un animal que vivía en los árboles, aunque podía andar a cuatro patas en el suelo. En aquella época, el temprano Oligoceno, la desértica región de El Fayum era una auténtica selva tropical.
Reconstrucción en 3D del cráneo visto desde diferentes ángulos. (Foto: PNAS)

Este primer cráneo y otros fragmentos dieron origen a la hipótesis de que el cráneo de este antiquísimo mono habría tenido un cerebro grande en proporción a su cuerpo, lo que cuadraba con la teoría según la cual la evolución se relaciona con el aumento de este órgano.

Pocas neuronas

Sin embargo, Simons y sus colegas han encontrado ahora que es mucho más pequeño de lo que se pensaba (entre 20,5 y 21,8 centímetros cúbicos). "Esto significa que el gran cerebro de los monos y los simios se desarrolló más tarde", señalan los investigadores en sus conclusiones en la revista Proceedings of the National Academy of Science (PNAS). Tan significativo fue el cambio de tamaño que al principio pensaron que se trataba de una nueva especie.

Tras comparar los dos cráneos, ambos de ejemplares muy jóvenes, comprobaron que había un gran dimorfismo en la especie, es decir, que los machos doblaban en tamaño a las hembras. "Los primates diurnos modernos con grandes diferencias entre géneros forman manadas de multimachos y multihembras de unos 15 individuos. Luego el Aegyptopithecus debía tener un grupo social amplio que rechazaba a los no miembrros", afiman los paleontólogos de EEUU. Otra peculiaridad es que su corteza visual era de gran tamaño, lo que implica que tenían una visión muy aguda, "algo muy característico de los antropoides". Por su órbita ocular se sabe también que era un animal diurno.
Manuel Domínguez-Rodrigo, paleontólogo de la Universidad Complutense de Madrid que trabaja en la Garganta de Olduvai (Tanzania), destacaba la importancia de estos hallazgos: "Es el antepasado común más antiguo de todos los monos, simios y humanos y este análisis ha detectado que los primates, en su origen no tenían un cerebro grande, sino que éste fue un desarrollo posterior, al margen de la adaptación a los árboles y al cálculo de las distancias. Hace 20 millones de años, ya había primates con grandes cerebros, luego algo debió de ocurrir y pudo ser el procesamiento de información que precisa el saltar de un árbol a otro", argumenta.

Su colega Jordi Agustí, investigador en el ICREA del Instituto de Paleoecología Humana de Tarragona, cree que Simons y sus colegas han dejado abiertas varias preguntas. "La especie tenía el lóbulo frontal pequeño y un cráneo que lo aproximan a los lemures, luego entre este grupo y sus sucesores (hace 23 millones de años) hay un vacío evolutivo y morfológico. Además, significa que los cerebros de los monos de Sudamérica y Africa aumentaron de forma independiente", asegura. Agustí también cree que algo pasó en el Mioceno para que el cerebro comenzara a crecer. "En Africa pudo ser el choque en la plataforma de Eurasia o un cambio en el clima, pero nos faltan fósiles de hace 28 millones para poder saberlo con certeza", concluye.
ROSA M. TRISTÁN
Periódico El Mundo. Ciencia.

martes, 15 de mayo de 2007

El «eslabón» más próximo de humanos y simios vivió hace 29 millones de años

La clásica búsqueda del «eslabón perdido» —el antepasado común de hombres y simios que postulaba la teoría darwinista— ha resultado mucho más ardua de lo que en el siglo XIX imaginó Ernst Haeckel, el primero que designó esta ignota y supuesta criatura como el «Pithecanthropus», el «hombre mono». En nuestro linaje, más embrollado de lo que el propio Darwin pudo imaginar, son pequeños descubrimientos los que nos ayudan a conocer mejor a nuestros numerosos y venerables «abuelos», una cadena de «eslabones perdidos» que poco a poco vamos desenmarañando.

La última de las pistas la ha desenterrado el primatólogo Elwyn Simons, de la universidad norteamericana de Duke, en la depresión egipcia de Fayum, cerca de El Cairo. Según publica esta semana la revista «Proceedings», el científico y su equipo han analizado por micro-tomografía de rayos X un cráneo extraordinariamente bien preservado de «Aegyptopithecus zeuxis», un pequeño primate que habitó esta región hace 29 millones de años. Los resultados han sorprendido al propio Simons, por diferir de las conclusiones del examen del primer cráneo de esta especie que él mismo descubrió en la década de los 60.

Encrucijada evolutiva

La casilla que ocupa este animalito en la evolución de hombres y monos lo sitúa en un punto crítico de ramificación: más avanzado que los lemures —prosimios primitivos, que hoy solo habitan en Madagascar— y justo antes de la diferenciación de las distintas ramas de primates catarrinos: monos del viejo mundo, grandes simios y humanos.
Hasta ahora, el estudio de los fragmentos recuperados hizo creer a Simons que el «A. zeuxis» había adquirido ya un gran desarrollo craneal, que se habría transmitido a todos los descendientes de este lejano antecesor. Sin embargo, el nuevo cráneo, correspondiente a una hembra, es menor de lo esperado, y su cerebro podía ser incluso más reducido que el de un lemur. Esto induce a Simons a proponer que nuestro antepasado presentaba un acusado dimorfismo sexual en tamaño, es decir, que las hembras eran mucho más pequeñas que los machos.

Es más; por comparación entre la evolución de las características morfológicas de los primates y sus costumbres, Simons sugiere que el «A. zeuxis» ya formaba grupos sociales integrados por varios machos y hembras, como hoy hacen los gorilas, cuyos sexos difieren notablemente en su talla corporal. Si la hipótesis del primatólogo es cierta, el modesto cerebro de este mono primigenio ya le permitía comprender las normas que rigen una comunidad, como la más elemental de todas ellas: distinguir a los «propios» de los «extraños», lo que sería, para la época, toda una novedad.

Por último, el tamaño del córtex visual muestra que el «A. zeuxis» ya poseía la aguda visión que es típica de los primates, pero sus pequeñas cuencas oculares, en contraste con los enormes ojos que sus «abuelos» los lemures utilizan para ver en la oscuridad, incitan a pensar que este «eslabón perdido» ya había abandonado la vida nocturna de sus antepasados en favor de las costumbres diurnas de los monos actuales.

Fuente ABC: http://www.abc.es/20070515/sociedad-sociedad/eslabon-proximo-humanos-simios_200705150813.html

http://www.pnas.org/

EL Dr. BONOBO Y Mr. CHIMPANCÉ

EL ANIMAL HUMANO

Pablo Jáuregui

El Homo sapiens es una extraña criatura impredecible, capaz de entregarse a los demás con una generosidad ilimitada, pero también de humillar, torturar y asesinar de la forma más aborrecible. Animales humanos fueron San Francisco de Asís, Mahatma Gandhi y la Madre Teresa de Calcuta, pero también Adolf Hitler, Joseph Stalin y Pol Pot. Como el dios Jano de la mitología romana, somos seres bifrontes con rostros opuestos, y de la misma manera que el Dr. Jeckyll y Mr. Hyde de Robert Louis Stevenson, somos capaces de lo mejor y lo peor.

En la tradición filosófica europea, estos dos extremos de nuestros comportamiento han dado lugar a dos visiones enfrentadas de nuestra naturaleza: por un lado, la del Homo homini lupus («el hombre es un lobo para el hombre») de Thomas Hobbes, para quien es necesario un Estado fuerte capaz de domar los peligrosos instintos de la bestia humana; y por otro, la del bon sauvage («buen salvaje») de Jean-Jacques Rousseau, una criatura inocente y noble en su estado primitivo a la que ha pervertido la civilización. ¿Cuál de estas dos visiones es correcta? Sin duda ésta es una de las preguntas más antiguas y complejas que se han hecho los miembros de nuestra especie sobre sí mismos: ¿es la naturaleza humana esencialmente altruista o egoísta, pacífica o agresiva, bondadosa o cruel?

Dibujo - Ricardo

Frans de Waal, uno de los primatólogos más prestigiosos del mundo actual, acaba de presentar una innovadora respuesta a este viejo dilema en El mono que llevamos dentro (editorial Tusquets), un libro fascinante que acaba de llegar a las librerías españolas. Quizás un título más fiel a su contenido sería Los monos que llevamos dentro, ya que la tesis central del libro propone que el animal humano es una simbiosis de dos primates muy diferentes, con naturalezas radicalmente distintas. Por un lado, estamos claramente emparentados con el chimpancé, un simio tribal que suele ser muy solidario con los miembros de su propia manada, pero es capaz de volverse extremadamente agresivo, e incluso mostrar tendencias genocidas, con los enemigos que amenazan su territorio. Al mismo tiempo, sin embargo, también somos familia de los bonobos, los llamados primates hippies, animales pacíficos que literalmente prefieren hacer el amor y no la guerra. Cuando surge un conflicto, estos simios eliminan la tensión con apasionados frotamientos de genitales sin discriminaciones de sexo. De hecho, jamás se han observado matanzas entre bonobos, mientras que se conocen muchísimos casos de brutales combates a muerte entre chimpancés machos, e incluso de infanticidio.

Los humanos, concluye De Waal, somos primates bipolares. Llevamos dentro las tendencias agresivas del territorialismo chimpancé –como demuestran todos los días las sangrientas matanzas en nuestras guerras o los ataques salvajes de los grupos terroristas–, pero también mostramos el pacifismo característico del bonobo, reflejado en nuestras masivas manifestaciones antibélicas y los múltiples movimientos de voluntarios sin fronteras que entregan su vida para ayudar a los más miserables de la Tierra. El hombre no es, en definitiva, «un lobo para el hombre» (¡menuda calumnia para el lobo!), sino un peculiar híbrido del chimpancé y el bonobo que, como el citado personaje de Stevenson, puede ser Jeckyll o Hyde, ángel o demonio, para sus semejantes.



martes, 8 de mayo de 2007

Se le deniega un tutor legal a un chimpancé.

Una juez austriaca rechazó esta semana un pedido de nombrar a una mujer como tutora legal de un chimpancé.

La decisión es un golpe a un movimiento creciente en Europa que intenta dar a los simios algunos de los derechos legales de los humanos, como la protección de tener dueño. Pero los que proponen los derechos de los simios dicen que apelarán la decisión y continuarán luchando por la causa en otro sitio de Europa. En España, por ejemplo están presionando por una ley nacional que extendería algunos derechos humanos a los simios.

Paula Casal, vicepresidenta de la rama del Gran Proyecto Simio en España, dice que la ley española, propuesta por primera vez hace un año, podría finalmente ser sometida a votación pronto, en el parlamento. “Después de que esa batalla se gane, entonces tendremos un buen momento para comenzar a organizar grupos en otros países para hacer lo mismo”, dijo Casal, filósofa de la Universidad de Reading, Reino Unido.

La meta del Proyecto Gran Simio es extender derechos humanos básicos a los simios, como el derecho a la vida, protección de la libertad individual y prohibición de la tortura.

Hiasl
Los simios ya no son utilizados en la mayoría de las naciones occidentales para la investigación, con la grave excepción de los Estados Unidos. Nueva Zelanda aprobó una ley de derechos de los simios en 1999, respaldada por el Proyecto Gran Simio, que prohíbe utilizar simios en cualquier experimento que podría beneficiar a los humanos.

La ley española propuesta va más allá de esto, prohibiendo adicionalmente la propiedad privada de los simios, o su utilización para el empleo o el entretenimiento. El estado sería responsable de poner a los más de 200 simios registrados en España en santuarios. Además, según está escrita requeriría que el gobierno de España trabaje para convocar un forum internacional de naciones desarrolladas y en desarrollo sobre el asunto de proteger los derechos de los grandes simios.

En el caso austriaco, la Asociación Contra las Fábricas de Animales (VGT) a principios de este año fue a la corte en un intento de nombrar un tutor legal para Hiasl (se pronuncia algo así como gisel), que fue traído en 1982 del occidente de Africa con algunos otros chimpancés jóvenes. Los chimpancés iban a ser enviados a un laboratorio de investigación, pero no tenían una documentación apropiada y fueron interceptados por funcionarios, de acuerdo con Martin Balluch, presidente de la VGT. Dos de ellos, Hiasl y Rosi, terminaron en el Asilo de Protección Animal de Viena.

Balluch dice que ellos están preocupados porque el asilo no pueda seguir siendo capaz de seguir manteniendo a Hisal y a Rosi, y este grupo quiere asegurar que los chimpancés no terminen en un zoo o en un laboratorio. “Si ellos son enviados fuera de Austria, entonces les puede pasar cualquier cosa”, dice.

La VGT decidió que la mejor estrategia era buscar un tutor legal para Hiasl, y entonces, si ganan, utilizarlo como precedente legal para nombrar un tutor legal para Rosi y otros chimpancés en Austria, dice Balluch.

En el pleito, Paula Stibbe, ciudadana del Reino Unido que vive en Austria y en contacto regular con Hiasl desde 1999, fue propuesta para ser la tutora de Hiasl. Stibbe, que aun visita regularmente a Hiasl, dice: “Lo considero un amigo. El me recibe con besos, abrazos”.
Antes de redactar la demanda, Balluch consultó con expertos internacionales y partidarios de los simios como Jane Goodall y el autor y abogado de los derechos de los animales en los Estados Unidos Stephen Wise. Escogieron la estrategia del tutor legal porque indicaría que Hiasl no puede ser vendido, dice Balluch. Y puede ser redactada una demanda contra el laboratorio que intentó importarlo, para obtener dinero para la manutención. “Ahora Hiasl depende de la buena voluntad de otros”, dice Balluch. “Si aun estuviera en la jungla del occidente de Africa, no necesitaría dinero. Fue la compañía que lo trajo aquí y comenzó este desorden”.

En una audición en la corte el 24 de abril, el juez denegó la petición. Ella dijo que si ella nombraba un tutor legal para un chimpancé, entonces esto podría crear la percepción pública de que los humanos con tutores legales nombrados por la corte están al mismo nivel que los animales.
Balluch dice que su grupo apelará la decisión a una corte superior del distrito. Hace notar que muchos otros chimpancés del mismo laboratorio de investigación están en un santuario al norte de Viena. Las donaciones para ese santuario se están agotando, dice Balloch. Si Hiasl gana eventualmente el derecho a la tutela legal, entonces dice Balluch que “no dudaría en expandirla a los 44 chimpancés del norte de Viena”.

Artículo original: Ned Stafford. Chimp denied a legal guardian. Court turns down request in case aiming for ‘ape rights’.

Referencias:

http://www.nature.com/news/2007/070423/full/070423-9.html

http://seminariot.blogspot.com/2007/04/chimpances-son-humanos.html

http://jggr.blogspot.com/2007/04/derechos-humanos-o-casi-humanos.html

http://noticiasdegaia.blogspot.com/2007/04/se-le-deniega-un-tutor-legal-un.html

http://www.lifesite.net/ldn/2007/apr/07040401.html

El fósil más completo

Es una niña, tiene 3,3 millones de años y rasgos simiescos.


Firma: Redacción digital Efe)


El paleoantropólogo etíope Zeresenay Alemseged cree que el fósil que descubrió de una Australopithecus afarensis, de unos 3,3 millones de años de antigüedad, el más completo hallado, permite constatar un momento de la evolución en el que la especie «es humana, aunque tiene rasgos simiescos».


Un equipo de paleoantropólogos, dirigido por Alemseged, recuperó en el 2000 en Etiopía el cráneo, la dentadura casi completa y el torso y partes importantes de las extremidades superiores e inferiores de la pequeña, bautizada como «Selam», que significa «paz» en la lengua oficial etíope. El hallazgo fue publicado en la revista «Nature» el pasado mes de septiembre.


En una entrevista con a Efe, Alemseged, que trabaja en el departamento de Antropología Evolutiva del Instituto Max Planch de Leipzig, ha señalado que «cuando miramos a Selam vemos que hay una mezcla de rasgos que la hacen humana y también simiesca».


La parte inferior del esqueleto, sus extremidades, dicen que «Salem era bípeda, una característica humana», y «en el cerebro vemos una pista de que se encuentra en la edad infantil, y ése es el inicio de la humanidad. Sus dientes son muy humanos, la frente recta, también».


En contraste con estos caracteres humanos, la niña presenta unos omoplatos -se trata de la primera vez que se recuperan estos dos huesos completos en un Australopithecus- muy similares a los de gorila moderno y sus dedos son largos y curvados, como los de los chimpancés, lo que le permitía trepar por los árboles.


Otro de los elementos hallados en Selam es el hioides, «hueso de la base de la lengua que se cree fundamental en la facultad del habla, pero su morfología es bastante similar al hioides del chimpancé, por lo que Selam debía emitir unos sonidos parecidos a los chimpancés».


Alemseged destaca que «haber encontrado un 60% del esqueleto, y además de un individuo infantil, abre nuevas ventanas en la paleoantropología, pues permite comprender el pasado, ver cómo hemos cambiado en el tiempo y seguir el cambio de bebé a adulto».


Selam, advierte el antropólogo etíope, «nos permite, por primera vez, buscar indicios de la anatomía, la locomoción, el crecimiento de los dientes y del cerebro, de los niños de una de las especies más antiguas de nuestro árbol familiar».


Sobre su muerte, los científicos no han podido deducir la causa, aunque Alemseged señala que «murió cuando tenía tres años, cuando era lactante, y vivió en la región de Dikika, al lado del río Awash, en el valle del Rif etíope», el mismo en el que se encontraron los famosos fósiles de Lucy. Hablar del río como causa de la muerte es, en opinión del antropólogo, «sólo una hipótesis». «Lucy, que tiene un esqueleto más incompleto, vivió en esta zona del África oriental 150.000 años después», indica Alemseged.


El equipo de Alemseged, que cada año vuelve a la zona para excavar en un yacimiento de más de 500 kilómetros cuadrados de extensión, no ha podido todavía hacer un análisis de la alimentación de la niña pues «aún no hemos podido separar la dentadura».


Alemseged se plantea como prioridad «la separación del pos-cráneo, es decir la clavícula, los omoplatos, pues en general la comunidad científica sabe mucho más de la dentadura de los homínidos».


A su juicio, Selam puede aportar «información valiosa de este estadio de la evolución humana sobre las vértebras, la clavícula o las costillas».

Identificada una mutación genética asociada a la cognición que sólo se encuentra en el ser humano

La alteración da lugar a la producción de neuropsina tipo II, una proteína exclusivamente humana que desempeña un papel crucial en la memoria y el aprendizaje.

Óscar Giménez, Barcelona 08/05/2007 10:32

Científicos de la Academia China de Ciencias publican haber identificado una mutación genética que se expresa únicamente en el cerebro de los seres humanos y que se originó hace menos de 5 millones de años. El hallazgo podría ser clave para comprender las grandes diferencias en las habilidades lingüísticas y mentales existentes entre el ser humano y el chimpancé. Hay que recordar que los genomas de estas dos especies únicamente varían en un 1,2%.

En el nuevo estudio, publicado en "Human Mutation", muestran que la mutación da lugar a una forma determinada de la proteína neuropsina, la cual desempeña un papel crucial en el aprendizaje y la memoria. Esa proteína codificada por el gen mutado, como se ha dicho, sólo se expresa en el sistema nervioso central del ser humano.

Los autores analizaron el ADN de personas y de varias especies de primates. Trabajos previos habían mostrado que el neuropsina tipo II, una forma larga de la proteína, no se expresa en el córtex prefrontal de los simios inferiores y en los del Viejo Mundo. En la nueva investigación estudiaron la expresión de la proteína en chimpancés y orangutanes, descubriendo también que no está presente en el córtex prefrontal. Dado que ambas especies se separaron recientemente de los ancestros humanos –hace entre 5 y 14 millones de años, respectivamente-, el descubrimiento demuestra que la neuropsina tipo II es una forma específica humana que se originó hace menos de ese tiempo.

La secuenciación genética reveló una mutación específica para los seres humanos que desencadena un cambio en el patrón de splicing (corte y empalme) del gen de la neuropsina, dando lugar a una proteína distinta más larga. Introducir esta mutación en el ADN del chimpancé dio lugar a la creación de neuropsina tipo II. Por ello, los autores señalan que la mutación no es sólo necesario, sino también suficiente, para crear esa nueva forma de proteína".
Por otro lado, los científicos observaron que la expresión de la neuropsina tipo I es menor en el ser humano y en el chimpancé si se comparan con macacos rhesus. Ello sugiere que antes de que apareciera la neuropsina tipo II, la del tipo I ya existía antes de la presencia del ancestro común del hombre y el chimpancé.

Futuros estudios tratarán de averiguar la función biológica de la neuropsina tipo II en el ser humano y de qué modo los 45 aminoácidos de más que tiene esta forma de la proteína pueden causar cambios estructurales y funcionales. Los autores recuerdan que para comprender las bases genéticas que diferencias a los humanos de los otros primates, recientes estudios se han centrado en la identificación de genes seleccionados durante la evolución humana. "Los presentes resultados subrayan la potencial importancia de la creación de nuevas formas de splicing en el sistema nervioso central en la emergencia de la cognición humana", concluyen.

Webs Relacionadas

Human Mutation
The Chinese Academy of Sciences


© Ediciones Doyma S.L

Más datos recogidos de otras publicaciones:

El cerebro del macaco tiene características que se creían exclusivas de los humanos

El cerebro es un gran desconocido y descifrar sus secretos es uno de los retos de la ciencia del siglo XXI. Científicos estadounidenses acaban de descubrir que ciertas capacidades que se creían exclusivas de los humanos no lo son, como 'soñar despiertos', es decir, cuando el cerebro está en reposo, pero no realiza ninguna actividad intelectual.
El estudio lo publica la revista 'Nature'.

FUENTE El Mundo Digital

El cerebro humano consume mucha energía. Hasta hace poco se pensaba que utilizaba la energía para mantener funciones cognitivas en estado consciente, pero se comprobó que, en realidad, durante el reposo las principales redes neuronales de la corteza cerebral están activas y que esto era lo que más energía consumía.De hecho, cuando realizamos operaciones cognitivas intensas como cálculos aritméticos por ejemplo, el incremento del gasto de energía en el cerebro es mínimo. La principal hipótesis señala que esta actividad sirve para reforzar las conexiones sinápticas entre las neuronas de determinadas redes que son esenciales para la realizar ciertas operaciones durante el estado de consciencia.Con este estudio, los investigadores -entre los que destacan el veterano Marcus Raichle, de la Universidad de Washington en Saint Louis y Justin Vincent, de la Universidad de Harvard- dejan constancia de que es más que probable que la actividad que se produce durante el descanso de los humanos no es exclusiva y también se produce en el macaco. "Esto que implica interesantes cuestiones relacionadas con la evolución", señala Vincent.

MONO Y HOMBRE COMPARTEN MUCHOS SISTEMAS CEREBRALES

El mono y el hombre comparten muchos sistemas cerebrales, como el visual y el motor. Sin embargo, "hay un sistema adicional que creíamos único de los humanos", reconoce. Ese sistema está estrictamente vinculado con el mundo exterior, y se vuelve muy activo cuando 'soñamos despiertos', recordamos el pasado o pensamos en el futuro. El cerebro del macaco es un buen modelo, puede comparase con las exploraciones realizadas a otros monos, con chimpancés y humanos. "Proporciona una ventana única de la organización funcional de este órgano", señala el investigador.Para conocer la actividad del cerebro durante el estado de reposo, los investigadores llevaron a cabo un experimento con 11 de estos monos. Observaron su función cerebral mientras estaban anestesiados hasta perder profundamente la consciencia."La mayoría de los experimentos de neuroimagen están diseñados para localizar regiones del cerebro implicadas en funciones cognitivas específicas", Vincent, director de la investigación. "Este sin embargo, está concebido para captar la actividad espontánea que se produce en el cerebro sin que se realice ninguna tarea específica".

ANESTESIA PARA CAPTAR LA ACTIVIDAD EN ESTADO INCOSCIENTE

Vincent relata que "cuando presentamos por primera vez a nuestros colegas en conferencias las publicaciones los mapas de la actividad espontánea del cerebro en monos, la mayoría consideraban esta actividad vinculada a la actividad mental consciente". Por eso realizaron el experimento con anestesia.Para visualizar el encéfalo utilizaron resonancia magnética funcional. Esta técnica de neuroimagen mide la actividad neuronal a través de la determinación de los cambios espaciales específicos de los niveles de oxígeno en la sangre en el cerebro. A pesar de estar profundamente inconscientes el cerebro estaba 'trabajando' de manera espontánea y organizada. Encontraron patrones de actividad en el córtex frontal, una zona del sistema motor ocular, que interviene en la gestión de los movimientos oculares, una parte del cerebro bien conocida tanto en humanos como en monos.

miércoles, 2 de mayo de 2007

Algunos chimpancés utilizan cuevas como refugio, como los primeros humanos.

El mono de las cavernas.

Como nuestros primitivos ancestros, los chimpancés no solamente utilizan herramientas de piedra y fabrican armas sino que también se refugian en cuevas. Redactado por Heber Rizzo Baladán Montevideo, Abril 18, 2007 Cuando en 1779 el naturalista Johan Friedrich Blumenbach acuñó el nombre de Pan troglodytes (simio cavernícola) para designar al chimpancé, no pudo suponer cuán cerca de la verdad estaba.

Un chimpancé macho cerca de una cueva.

Actualmente, el genus Pan se considera dentro de la sub-familia de Homininae, a la cual pertenecen también los humanos. De hecho, los biólogos piensan que las dos especies de chimpancés dentro del genus Pan, el chimpancé común y el chimpancé enano o bonobo, son los parientes evolutivos más cercanos al hombre. Tanto es así que, visto la cantidad de datos genéticos que compartimos (algo más del 94% del genoma), algunos científicos han propuesto que ambos sean considerados en realidad como miembros del genus Homo. Pues bien. Hace poco dábamos cuenta de que un grupo de investigadores liderado por la profesora Jill Pruetz de la Universidad del Estado de Iowa había descubierto que una sub-especie, el Pan troglodytes verus, o chimpancé de las sabanas del sudeste de Senegal (uno de los lugares más cálidos y áridos que habitan los chimpancés actualmente, y que resulta ser un hábitat similar al que se cree ocupaban nuestros ancestros humanos al surgir evolutivamente), específicamente los de la población de Fongoli, en Senegal, fabricaban armas puntiagudas para cazar algunas presas. Ahora, la misma antropóloga ha descubierto otro rasgo de estos animales que los hace aún más cercanos a nosotros.

Vista desde el interior de la caverna utilizada por los chimpancés de Fongoli.


En un estudio que será publicado próximamente, la profesora Pruetz informa que estos chimpancés utilizaban cuevas para protegerse de las inclemencias del tiempo. Inicialmente, la evidencia fue indirecta (restos de alimentos, heces y pelos), recogida en una cueva entre enero y diciembre de 2004. Posteriormente, en observaciones realizadas hasta marzo de 2006, Pruetz también fue testigo de la entrada y salida de chimpancés de esa cueva. Según la científica, hace unos años había hablado del asunto en Japón, “y todos quedaron asombrados. Pensaban que era algo grande y que nadie había escuchado nada como eso antes, excepto Jane Goodall que se acercó a mí después de la charla y me dijo que había oído sobre un incidente ocurrido en Mali, donde una inspección había observado a un grupo de chimpancés saliendo de una cueva”. En su artículo, Pruetz llega a la conclusión de que los chimpancés utilizan la cueva como respuesta al calor prevaleciente en Fongoli. Recogió datos sobre las temperaturas dentro de la cueva de Sokoto (la mayor del lugar) así como de diferentes hábitats ocupados por los chimpancés, tales como la selva de galería y las arboledas.

Chimpancé de Fongoli.


Su estudio descubrió que los chimpancés utilizan principalmente la cueva de Sokoto como refugio durante las épocas más cálidas y secas del año, desde octubre hasta mayo. La cueva tiene varios metros de profundidad y está localizada en el cabezal de una quebrada poco profunda, formada por una corriente de agua que fluye desde una meseta. Entre 2001 y 2004, la temperatura diaria promedio en el año dentro de la cueva de Sokoto fue de 24,2º C, mientras que en la arboleda era de 29,6º y en la sabana de 24,6º, ambas localizadas a unos 30 metros de la cueva y en el borde de la quebrada Sokoto. Pruetz atribuye al viento la menor temperatura de la sabana. “Parecía estar mucho más fresco cuando se entraba en la cueva, pero deseaba estar segura y tomé mediciones de la temperatura en la cueva y en los diferentes hábitats”, dice, “y los chimpancés utilizaban la cueva durante la estación seca, cuando afuera se producen las temperaturas más altas”. Agrega que los chimpancés simplemente se ubican allí y descansan. Traen alimento con ellos y lo comen allí, y luego se acomodan y se relajan.

La antropóloga Jill Pruetz.

Según ella, probablemente las temperaturas máximas tengan una incidencia mayor en las tensiones provocadas por el calor que las temperaturas promedio, y serían esas tensiones las que impulsan a los chimpancés a ocupar las cuevas, aunque es posible que la explicación final no sea tan simple. Las próximas investigaciones que realizará el equipo de Pruetz en esa zona de Senegal incluirán mediciones de la humedad relativa en dicho hábitat. Según comentó la paleoantropóloga Adrienne Zihlman de la Universidad de California en Santa Cruz, “estos chimpancés se enfrentan a condiciones que la mayoría de sus congéneres no sufren. Están enfrentando algunos problemas que deben ser resueltos si desean sobrevivir en la sabana, la misma clase de problemas que confrontaron nuestros ancestros humanos primitivos”. El biólogo Rob Shumaker de la Fundación Gran Simio de Iowa en Des Moines agregó: “estos hallazgos destacan realmente el rango de flexibilidad cognitiva y de comportamiento que existe en los chimpancés. Estos resultados no se ven en ningún otro emplazamiento chimpancé, lo que refuerza la idea de que hay variaciones culturales entre chimpancés que habitan lugares diferentes”. Y terminó: “continúan sorprendiéndonos y enseñándonos a utilizar nuevos conocimientos”.


- MÁS INFORMACIÓN -

Primates, monos, y simios:

El título del artículo anterior es nada más que un juego de palabras, una forma de expresión. Para la mayoría de la gente, y hablando un lenguaje técnico pero no estrictamente taxonómico (la taxonomía es la ciencia que clasifica ordenada y sistemáticamente a los seres vivos), un chimpancé no es un mono, sino un simio. Por eso, detallaremos a continuación una serie de términos clasificatorios que son de uso más o menos común pero que a veces no son bien comprendidos, ni por los lectores ni por los comunicadores.

PRIMATES: El orden de los Primates incluye a los prosimios, a los monos, a los simios y a los seres humanos. Entre sus características generales se cuentan las siguientes: pentadáctilos (tienen cinco dedos, con uñas, no garras), un patrón dental común y un diseño corporal no especializado. Poseen visión estereoscópica, manos prensiles, capacidad de manipular objetos pequeños, cerebros grandes en relación con sus cuerpos, y vida social compleja. Las aproximadamente 235 especies que existen en la actualidad (hay discusiones y opiniones varias en la clasificación) que pertenecen al orden se dividen en dos subórdenes: estrepsirrinos o primates de nariz húmeda (lémures y loris) y haplorrinos o primates de nariz seca (tarsis, monos, simios y humanos). A su vez, los haplorrinos se dividen en dos infraórdenes: prosimios y simiiformes (antes conocidos como antropoideos). Los prosimios son en su mayoría de pequeño tamaño, de hábitos nocturnos y actualmente se los encuentra únicamente en África y en Asia sudoriental.

MONOS: Los simiiformes también se dividen en dos secciones: los platirrinos o monos del nuevo mundo, con narices más o menos chatas y anchas y narinas bastante separadas que se proyectan hacia los lados, y con colas largas en relación con el tamaño corporal, y los catarrinos o monos del viejo mundo, con narices más largas y angostas y narinas más juntas que se proyectan hacia abajo; sus colas (si es que las tienen) son cortas y no prensiles. Siguiendo el recorrido taxonómico, encontramos que los catarrinos tienen al menos tres grandes familias: los cercopitécidos (los monos del viejo mundo), los hilobátidos o gibones, también conocidos como simios menores, y los homínidos, que incluyen a los orangutanes, gorilas, bonobos, chimpancés y humanos. Algunos consideran que los orangutanes conforman una familia aparte, los póngidos. Por lo tanto, los animales que comúnmente denominamos monos son los que pertenecen al infraorden de los platirrinos y también a los que se incluyen en la familia de los cercopitécidos. Ejemplos de platirrinos son los monos aulladores, los pequeños titís, los guacaríes y los muy populares capuchinos. Entre los cercopitécidos encontramos a los macacos, a los mandriles, a los tapiones, a los colobos y los lagures.

SIMIOS: Estrictamente hablando, no existe un grupo de animales clasificados taxonómicamente como simios. Antiguamente, para la taxonomía tradicional los homínidos incluían únicamente a los humanos y a sus parientes cercanos extintos, mientras que había otra familia, la de los póngidos, que incluía a los llamados grandes simios: gorilas, chimpancés y orangutanes. Actualmente, la taxonomía filogenética (que se va imponiendo de a poco) incluye a estos últimos en una única familia: la de los homínidos. De esta forma, la familia de los homínidos se divide en dos sub-familias, la de los Pongínidos, con una única división. el género Pongo, representado por los orangutanes, y la sub-familia de los Hominínidos, integrada por dos tribus, la de los Gorilinos y la de los Homininos. Los gorilinos cuentan con un solo género, el de los gorilas, mientras que los homininos presentan dos géneros: el género Pan (chimpancés y bonobos) y el género Homo (nosotros, los humanos, el Homo sapiens).

HUMANOS: Entonces, al fin y al cabo, ¿qué somos nosotros exactamente? ¿Somos monos, somos simios, somos otra cosa? Como sucede muchas veces, las respuestas pueden ser muy variadas, desde monos glorificados, pasando por simios desnudos, hasta reyes de la evolución casi separados del resto de los animales. Todo depende de la opinión del preguntado. Por mi parte, recomiendo hacer una visita a un blog excelente, muy probablemente el mejor de su clase en nuestro idioma, el Paleofreak, que usualmente tiene artículos más que interesantes y que sobre este asunto publicó uno que merece ser leído y meditado: ¿Es el hombre un mono? ¿y un simio? ¿es el mono un hombre?. Espero que les sirva de ayuda.

Páginas web relacionadas


El divorcio entre humanos y chimpancés, más reciente de lo que pensamos.


La ruptura entre chimpancés y humanos se produjo hace menos de 6,3 millones de años.

La separación evolutiva entre humanos y nuestros antepasados más cercanos, los chimpancés, pudo producirse hace menos tiempo del que pensábamos, desvela un estudio realizado por un grupo de científicos de la Escuela de Medicina de Harvard, en Boston.

Las conclusiones de este estudio, que ha sido recogido por la revista Nature, indican además que este proceso de separación no fue sencillo y se prolongó durante miles de años.

Los científicos afirman que, durante miles de años, chimpancés y humanos habrían seguido cruzándose entre ellos hasta que se produjo la separación completa y la escisión clara entre ambas especies.

Hasta ahora, los científicos situaban la separación entre una especie y otra hace siete millones de años, lo que significa que Toumaï, un fósil que data de al menos 6,5 millones de años, era el primer fósil conocido que se atribuía a un humano.

El estudio sitúa la ruptura definitiva entre chimpancés y humanos hace 6,3 millones de años, como máximoAhora, según la Escuela estadounidense, esta ruptura se habría dado hace no más de 6,3 millones de años, e incluso de 5,4 millones, lo que plantea dudas sobre la clasificación de este fósil y de otros encontrados, los cuales se encontarían todavía a medio camino entre los simios y los humanos.

Los cromosomas X, la clave.

Para llegar a estas conclusiones, los científicos analizaron secuencias genéticas de códigos humanos, chimpancés, gorilas y otros primates, unos 20 millones de 'currículos' de ADN en total. De esta forma, pudieron estimar el momento justo en el que unos comenzaron a diferenciarse de los otros.

Además la investigación localizó similitudes entre los cromosomas X (cromosomas sexuales hembra), los cuales podrían desvelar una rehibridación larga entre ambas descendencias.
Sin embargo, no da datos sobre el origen de los primates.

"Es muy difícil de deducir", explica Reich, uno de los investigadores que ha participado en el estudio, "pero todo parece indicar que fueron los humanos quienes descendieron de estas parejas híbridas y mestizas".

17/mayo/2006
Fuente Revista NATURE.
Escuela de Medicina de Harvard, en Boston.

Los chimpancés usaron herramientas hace 4.300 años, sin imitar a los humanos.


Así son las lanzas supuestamente usadas por los chimpancés y afiladas con sus dientes
Humanos y chimpancés heredaron esta capacidad de un ancestro común.

Los primates las empleaban para abrir los frutos con cáscara.

Surge una nueva disciplina, denominada 'Arqueología Chimpancé'.

Los chimpancés que habitaban África Occidental hace 4.300 años utilizaban ya herramientas de piedra para abrir los frutos con cáscara como las nueces o las almendras, según ha descubierto el español Julio Mercader, investigador de la Universidad de Calgary (Canadá).

El descubrimiento, que se publica en la edición digital de la revista 'Proceedings of the National Academy of Sciences' (PNAS), sugiere que hombres y chimpancés heredaron esta capacidad de un ancestro común.

Los investigadores descubrieron las herramientas de piedra en el yacimiento de Noulo en Costa Marfil, el único asentamiento prehistórico de chimpancés conocido.

Los "martillos" de piedra descubiertos tienen forma irregular y patrones distintivos y eran utilizados para romper las cáscaras de frutos secos como nueces o almendras.

Los chimpancés fueron observados por primera vez utilizando herramientas de piedra en el siglo XIX.

El estudio consolida una nueva disciplina que se ha dado en llamar 'Arqueología Chimpancé' y que es una mezcla de Primatología Cultural y Arqueología.

Según los autores, estos artefactos no podían ser el resultado de la erosión natural o utilizados por los humanos. Las piedras eran demasiado grandes para ser utilizadas con facilidad por los antiguos hombres y además tenían restos de almidón de frutos que se creen eran básicos en la dieta del chimpancé, pero no en la de los humanos.

Europa Press.
13/fefrero/2007
Fuente:
'Proceedings of the National Academy of Sciences' (PNAS)
Julio Mercader, investigador de la Universidad de Calgary (Canadá).

Chimpancés que cazan con lanzas afiladas con los dientes


Un equipo científico localiza en Senegal a varios grandes simios que emplean pequeñas lanzas de madera para clavarlos en pequeños primates y sacarlos de sus escondrijos.


Un grupo de chimpancés hembras ha sido visto usando lanzas para cazar a otros primates en Senegal, según revelan un equipo de investigadores estadounidenses en la revista Current Biology. La noticia modifica la opinión que se tenía sobre el nivel de evolución de los grandes simios. Hasta ahora se sabía que los chimpancés empleaban utensilios para romper la cáscara de algunos frutos y para pescar termitas, tal como hacen otros animales como gorilas, orangutanes e incluso los topos. Pero nunca se había registrado el empleo de un utensilio sofisticado para cazar.

LaLos investigadores han registrado 22 ejemplos en los que las chimpancés han utilizado pequeños utensilios, afilados con los dientes, para pinchar a otros pequeños primates que se habían refugiado en ramas o troncos huecos. La investigación, dirigida por Jill Pruetz y Paco Bertolani, de la universidad de Iowa (EE UU), ha estudiado la comunidad Fongoli, con chimpancés que habitan la sabana al sureste de Senegal.

Observaron que las chimpancés clavaban las lanzas en ramas y troncos huecos, una y otra vez. Al sacar el utensilio, a menudo lo olía o lo lamía”. En la gran mayoría de los casos, los chimpancés agarraban las piezas como si fuera una lanza y no como una cuchara o un tenedor. Los científicos señalan que los simios aplicaban fuerza suficiente para herir a un animal que podría estar oculto.
En la mayoría de los casos, los simios efectuaban cuatro pasos para elaborar las lanzas de caza. En todos los casos excepto en uno, las chimpancés arrancaron una rama para manufacturar su utensilio. A continuación pelaban las ramas pequeñas y las hojas.

Un dato curioso es que sólo las hembras emplean estas pequeñas lanzas de madera. El estudio recoge el caso de una chimpancé adolescente que clavó uno de estos utensilios en un pequeño primate que dormía en un tronco, después lo sacó y se lo comió.

Los investigadores consideran que los chimpancés han tenido que encontrar nuevas formas de conseguir comida porque viven en un entorno poco habitual para su especie.

Conducta innovadora

“Ha sido una manera innovadora de adaptarse a un medio bastante hostil”, ha señalado Pruetz a Reuters. Los simios debían bajar de los árboles para conseguir comida y refugiarse en cuevas secas para evitar el tórrido calor de la temporada cálida. "Durante el semestre de verano en Senegal, lo observé la caza casi 13 veces. Así que es cierto que es habitual”, señaló Pruetz.
“Es algo parecido a lo que sabemos de los primeros homínidos que vivieron hace casi 6 millones de años y que básicamente fueron los precursores de los seres humanos”.

Los chimpancés son el pariente genético vivo más próximo al ser humano, ya que comparte más del 98% del ADN. Los científicos consideran que los chimpancés y los humanos se diferenciaron a partir de un ancestro común hace 7 millones de años. Pruetz y Bertolani, que llevaron a cabo el studio entre finales de 2005 y mediados de 2006, observaron el uso de utensilios “casi diariamente durante 19 días".


23/febrero/2007
Periódico El País.
Fuente:
Revista Current Biology.
Investigación dirigida por Jill Pruetz y Paco Bertolani, de la universidad de Iowa (EE UU).


Casi humanos y a veces más inteligentes.

Más de 300 primatólogos y otros científicos evalúan las capacidades cognitivas del chimpancé.

Observados en la naturaleza y sometidos a pruebas en cautividad, los chimpancés se prestan a comparaciones con los humanos, sus parientes cercanos. Guardan un parecido familiar que fascina a la gente, y los científicos ven cada vez más pruebas de similitudes en la conducta y las habilidades de los chimpancés, que van más allá de un rostro expresivo y unos pulgares prensibles.

La teoría es que los chimpancés tienen una "reserva cognitiva" o inteligencia subyacente
El desafío es saber hasta qué punto se da en la naturaleza la conducta en cautividad
Los antepasados de los chimpancés fueron el último linaje de los monos actuales que se separaron de la rama que condujo a los humanos, probablemente hace seis millones de años, o tal vez cuatro. Un examen más reciente demuestra que, a pesar de profundas diferencias en ambas especies, sólo un 1,23% en sus genes separa al Homo sapiens del Pan troglodytes.
Los chimpancés hacen gala de una extraordinaria gama de comportamientos y talento. Fabrican y utilizan herramientas sencillas, cazan en grupo y participan en actos agresivos y violentos. Son criaturas sociales que parecen capaces de mostrar empatía, altruismo, conciencia de sí mismas, cooperación en la resolución de problemas y aprendizaje a través de ejemplos y experiencia. Los chimpancés incluso superan a los humanos en ciertas tareas de memoria.


"Hace 50 años, cuando prácticamente no sabíamos nada de los chimpancés", señala Andrew Whiten, un psicólogo evolutivo de la Universidad de St. Andrews (Escocia), "no habríamos podido predecir la riqueza y la complejidad de la cultura del chimpancé que conocemos ahora". Jane Goodall, una joven inglesa que trabajó en África en los años sesenta, empezó a cambiar las percepciones. Al principio, los expertos cuestionaban sus artículos sobre chimpancés que utilizaban herramientas y mostraban un comportamiento social. Ponían objeciones sobre todo a sus referencias a la cultura de los chimpancés. Sólo los humanos, insistían, tenían cultura. "Al principio, Jane sufrió el rechazo de las figuras consagradas", comenta Richard Wrangham, un antropólogo de Harvard. "Ahora, quienes dicen que los chimpancés no tienen emociones ni cultura son los rechazados".

El nuevo consenso enmarcó el debate de un simposio, La mente del chimpancé, celebrado recientemente en el Lincoln Park Zoo de Chicago. Más de 300 primatólogos y otros científicos evaluaron el conocimiento acumulado sobre las capacidades cognitivas del chimpancé.
Tras una sesión, Frans de Waal, de la Emory University (EE UU), autor de El mono que llevamos dentro (Tusquets Editores), decía que hace sólo una década todavía no existía un consenso firme sobre muchas de las relaciones sociales de los chimpancés. "Ahora no se oye ningún debate", afirmaba.

En sus estudios en el Yerkes Primate Research Center, De Waal descubrió que, como animales sociales, los chimpancés han tenido que constreñir y alterar su comportamiento en varios sentidos, al igual que los humanos. Forma parte del legado del mono, apunta, y en el caso de los hombres, es la base de la moralidad.

Otros estudios recientes explicaban con más detalle las habilidades de los chimpancés como fabricantes de utensilios. Jill Pruetz, de la Iowa State University (EE UU), describía 22 ejemplos de chimpancés de Senegal que elaboraban lanzas de madera para cazar primates más pequeños y obtener carne. Goodall fue la primera en observar los chimpancés como carnívoros cazadores no estrictamente vegetarianos.

Pruetz observó a varios chimpancés clavando las lanzas en troncos de árbol huecos en los que a menudo habitan los gálagos. Un solo intento surtía efecto. Antes se había visto a chimpancés utilizar palos principalmente para extraer termitas de su refugio.

Un equipo de arqueólogos dirigido por el español Julio Mercader, de la Universidad de Calgary (Canadá), dijo haber encontrado piedras en Costa de Marfil que los chimpancés utilizaban hace 4.300 años para abrir frutos secos. Con frecuencia se ha filmado a chimpancés actuales utilizando piedras como un martillo.

Otros investigadores combinan el trabajo de campo, en el que muestran la conducta de los chimpancés en su hábitat natural, con experimentos de laboratorio creados para desvelar su inteligencia subyacente, lo que los científicos denominan su "reserva cognitiva".
Por ejemplo, los chimpancés en estado salvaje no se sentarían por sí solos ante un ordenador a responder con toques rápidos en la pantalla como prueba de su memoria inmediata. Unos vídeos en los que hacían justamente eso en la Universidad de Kioto (Japón) impresionaron especialmente a los asistentes al simposio.

Tetsuro Matsuzawa, un primatólogo de Kioto, describió a un chimpancé joven que veía cómo aparecían sucesivamente números, del uno al nueve, parpadeantes en la pantalla en posiciones aleatorias. Los números desaparecían en menos de un segundo. Donde habían aparecido los números quedaban unos cuadrados blancos. El chimpancé pulsaba los cuadrados de manera despreocupada pero rápidamente, haciendo reaparecer los números en orden ascendente: uno, dos, tres, etcétera.

El ensayo se repitió varias veces con los números y los cuadrados en distintos lugares. El chimpancé, que recibió un entrenamiento durante meses acompañado de la promesa de recompensas en forma de alimento, casi nunca falló y recordó dónde habían aparecido los números. El vídeo incluye escenas de un ser humano que no supera la prueba, y rara vez recuerda más de uno o dos números, si es que recuerda alguno.

"Los humanos no pueden hacerlo", asegura Matsuzawa. "Los chimpancés son superiores al hombre en esta tarea". Matsuzawa indica que las primeras especies humanas "perdieron la memoria inmediata y, a cambio, aprendieron simbolización, las habilidades del lenguaje. Yo lo llamo la teoría de la compensación. Si quieres una capacidad, por ejemplo, una memoria inmediata mejor, debes perder otra".

Misato Hayashi, también de Kioto, describe experimentos realizados con crías de chimpancé que manipulan cubos apilables y bloques cuadrados y cilíndricos. Fueron más lentos que los humanos, pero la destreza manual estaba ahí. Un ser humano empieza a apilar bloques poco después de cumplir un año, señala Hayashi; los chimpancés tenían casi tres.

En experimentos con espejos, los investigadores demostraron que los chimpancés presentaban una conciencia de sí mismos que está ausente en los monos, pero no en los delfines y los demás grandes simios. Ensayos similares demostraron cierto reconocimiento de sí mismos entre los elefantes.

Otros investigadores dicen que cuando se les plantearon problemas para obtener alimentos desde el otro lado de una valla, los chimpancés no sólo fueron inteligentes por sí solos y a menudo competitivos con otro ejemplar, sino que también mostraron una disposición a cooperar unos con otros para realizar el trabajo.

Wrangham, de Harvard, dice que el desafío para los primatólogos que trabajan en ese campo radica en saber hasta qué punto se da en la naturaleza la conducta y el "excedente de capacidad cognitiva" observados en cautividad. La respuesta parece variar de una comunidad de chimpancés aislada a otra. Según los científicos, eso demuestra el papel del aprendizaje social -adquirir habilidades por imitación- y las respuestas a diferentes oportunidades en culturas independientes.

Según los investigadores, el interés por aprender más sobre los chimpancés no es sólo un caso de conocimiento porque sí. Su comportamiento y su inteligencia, afirman, tal vez permita comprender las habilidades de los primeros antepasados del hombre. Según los primatólogos, una motivación más urgente es que se trata de seres sensibles y los familiares vivientes más próximos al hombre, y que su supervivencia está amenazada.

Periódico El País.
The New York Times.
JOHN NOBLE WILFORD - Chicago - 02/05/2007.