lunes, 24 de diciembre de 2007

Los ancestros de los humanos: ¿Más recolectores que cazadores?

24 de Diciembre de 2007.

Los chimpancés desean las raíces y los tubérculos aún cuando la comida sea abundante sobre la tierra, según un nuevo estudio que plantea preguntas sobre la importancia relativa de la carne para la evolución del cerebro. El estudio documenta una nueva utilización de herramientas por los chimpancés para excavar en busca de tubérculos y raíces en los bosques de la sabana de Tanzania occidental.


La avidez de los chimpancés por los banquetes enterrados ofrece nuevos detalles para un debate actual sobre el papel de la carne en su rivalidad frente a los alimentos como las patatas en la dieta de nuestros antepasados homínidos.El debate se centra en la dieta seguida por los primeros homínidos a medida que sus cerebros y el tamaño de sus cuerpos aumentaban lentamente hacia un nivel humano. ¿Su dieta se basaba en la carne con algunas patatas, o en las patatas con un poco de carne?Algunos investigadores han sugerido que lo que nos hizo realmente humanos fueron los tubérculos.


Los antropólogos habían especulado con que las raíces y los tubérculos eran sólo alimentos en casos de emergencia para los homínidos que intentaban sobrevivir a la terrible estación seca de hace 3,5 millones de años y posteriormente en la sabana. Se sabe que los homínidos consumían carne hace 2,5 millones de años como mínimo.


Pero el estudio sólo encontró que los chimpancés modernos excavan en busca de raíces durante la estación lluviosa, cuando abundan otras fuentes de alimentos.El hallazgo sugiere, pero no demuestra, que los homínidos se debieron comportar de la misma forma. Los investigadores han visto a los chimpancés como buenos "análogos" o representantes de los homínidos debido a las similitudes en sus hábitats, la masa cerebral y el tamaño corporal.Que los chimpancés excaven en busca de tubérculos sugiere que estos recursos subterráneos estaban al alcance de nuestros antepasados.

El estudio se basa en la observación de 11 sitios de excavación en el bosque de Ugalla, en la sabana de Tanzania occidental. Adriana Hernández-Aguilar (de la Universidad del Sur de California) reunió los datos de campo para este estudio.Se correlacionaron los chimpancés con los tubérculos y las raíces excavadas, a través de las huellas de sus nudillos, sus excrementos y los restos de fibras de esos alimentos subterráneos.En tres de los sitios, fueron encontradas siete herramientas, con el borde estropeado y marcas de suciedad, lo que implicaba su uso como instrumentos para excavar.Debido a que los chimpancés en el área no están habituados a los humanos, Hernández-Aguilar no pudo observarlos directamente.


Ella planea llevar a cabo observaciones futuras en el área y abogar por una mayor protección para los chimpancés de la sabana. "Los chimpancés de las sabanas no han sido considerados una prioridad en los planes de conservación porque viven en bajas densidades comparados con los chimpancés de los bosques", explica. "Nosotros esperamos que descubrimientos como éste demostrarán el valor de conservar las poblaciones de las sabanas".

http://www.amazings.com/ciencia/noticias/241207e.html

http://www.usc.edu/uscnews/stories/14549.html

martes, 18 de diciembre de 2007

UN ESTUDIO REVELA QUE LOS MONOS PUEDEN REALIZAR SUMAS MENTALES

Washington, 17 dic (EFE).- Los monos pueden realizar sumas mentales con resultados similares a los de estudiantes universitarios, reveló un estudio estadounidense divulgado hoy por la revista "PloS Biology".

Según los científicos del Centro de Neurociencias Cognitivas de la Universidad de Duke (Carolina del Norte), los resultados del estudio ayudan a comprender los orígenes evolutivos compartidos de seres humanos y animales en lo que se refiere a la capacidad aritmética.

Otras investigaciones habían determinado ya que animales y seres humanos tienen la capacidad para representar y comparar números.

Los animales, los niños y los adultos pueden diferenciar entre cuatro objetos y ocho objetos, por ejemplo.

Sin embargo, hasta ahora no estaba claro si los animales podían realizar operaciones aritméticas de forma mental.

"Sabíamos que los animales pueden reconocer cantidades, pero no había suficientes pruebas de su capacidad para realizar tareas matemáticas, como la suma. Nuestro estudio ha demostrado que sí pueden hacerlo", indicó Jessica Cantion, una estudiante de postgrado que participó en la investigación.

Los científicos realizaron un experimento con macacos instalados frente a una pantalla con un número variable de manchas.

Las manchas fueron borradas de la pantalla la que fue reemplazada por otra en la que aparecía un número diferente de esas manchas.

Después, se les mostraba una tercera pantalla en la que había una caja con la suma de las primeras dos pantallas, así como otra caja con un número diferente.
Los monos eran recompensados cada vez que tocaban la pantalla que contenía la suma correcta.


Un grupo de estudiantes universitarios fue sometido a una prueba similar en la que tenían que elegir la suma correcta sin contar las manchas.

El nivel de aciertos entre los estudiantes fue de un 94 por ciento y el de los macacos de un 76 por ciento. La media de tiempo de respuesta entre ambos grupos fue de un segundo.
Lo más interesante, indicaron los científicos, es que los resultados no fueron tan buenos entre los dos grupos cuando las cajas mostraban números muy cercanos.


"Si la suma correcta era 11 y el número incorrecto era de 12 manchas, tanto los monos como los estudiantes tardaban más en responder y tenían más errores", señaló Elizabeth Branion, profesora auxiliar del Centro de Neurociencias Cognitivas.

La diferencia entre ambos grupos está en el hecho de que los seres humanos han agregado el lenguaje y la escritura lo que cambia la forma en que representamos los números, según los científicos.

"Gran parte de la capacidad matemática de los adultos humanos reside en el hecho de que pueden representar conceptos numéricos utilizando para ello el lenguaje simbólico.

Por ejemplo, un mono no tiene la capacidad de determinar la diferencia entre 2000 y 2001 objetos, por ejemplo.

"Sin embargo, nuestro trabajo ha demostrado que tanto seres humanos como monos pueden manipular mentalmente representaciones de números para generar sumas aproximadas de objetos individuales", indicó Branion.

http://es.noticias.yahoo.com/efe/20071218/tsc-un-estudio-revela-que-los-monos-pued-23e7ce8_1.html?printer=1

http://biology.plosjournals.org/perlserv/?request=get-toc&issn=1545-7885&volume=5&issue=11

viernes, 14 de diciembre de 2007

LAS HEMBRAS DE LOS SIMIOS NO TIENEN LA MENOPAUSIA.

Los ejemplares más sanos y longevos, que pueden llegar a vivir más de 60 años, extienden su vida fértil hasta pasada la cincuentena

Por qué las mujeres deben pasar por ese proceso fisiológico conocido como menopausia? La respuesta aún es una incógnita, pero una aproximación a su significado biológico puede aventurarse a partir del estudio de los parientes más cercanos de los seres humanos: los chimpancés.
Esta tarea es la que ha acometido la antropóloga Melissa Thompson, de la Universidad de Harvard (EEUU). Para ello, ha escrutado los datos recogidos durante años por seis grupos de investigación que estudian el comportamiento de los simios en distintos emplazamientos de África.
Esperanza de vida
La conclusión de Thompson, publicada hoy en Current Biology, indica que las hembras chimpancés tienen el mismo declive reproductivo que las humanas. Pero a diferencia de éstas, las chimpancés no suelen prolongar su vida mucho más allá del periodo fecundo. Sin embargo, los ejemplares más sanos y longevos, que pueden llegar a vivir más de 60 años, extienden su vida fértil hasta pasada la cincuentena.
“El chimpancé más viejo que ha parido en la naturaleza tenía unos 55 años. Poco antes de su muerte a los 63, comenzó de nuevo su ciclo reproductivo”, afirma Thompson. La investigadora concluye que la menopausia es exclusiva de la especie humana y que se debe a razones aún por determinar.


http://www.publico.es/ciencias/027454/hembras/simios/menopausia

http://www.current-biology.com/content/current

viernes, 7 de diciembre de 2007

Chimpancés africanos guían a científicos en búsqueda de plantas para creación de nuevas medicinas.

"¡Lo que me asombra es que estos chimpancés no tienen farmacias, ni laboratorios, van sencillamente a recoger la planta con la que se van a curar!", dice con asombro uno de los investigadores.

La finalidad de este estudio es desarrollar nuevos medicamentos y conocer mejor la flora de los chimpancés en un bosque tropical ugandés, algunos de los cuales están amenazados. "Es la primera vez que se hace una observación de los chimpancés con el objetivo de encontrar medicamentos para el hombre dentro de un marco científico", explicó a la 'AFP' Sabrina Krief, veterinaria francesa que integra el grupo de expertos ugandeses y galos a cargo de esta hazaña.
El proyecto tiene por objetivo comprender mejor el comportamiento de los chimpancés y utilizarlos como guías para el descubrimiento de nuevas moléculas.


Uganda, en África oriental, es una tierra fértil para los investigadores. "Es extremadamente rica en términos de biodiversidad: ocho de las 16 zonas de plantas endémicas en África se encuentran aquí", dice con satisfacción John Kasenene, profesor de botánica de la Universidad Makerere en Kampala. El bosque tropical de Kibale (250 km al oeste de Kampala) ofrece una fuerte concentración de especies de primates. En kibale, la doctora Krief observa a una cincuentena de chimpancés comunes, identifica a los enfermos y anota su régimen alimentario. Al alba, se recogen muestras de orina y de heces de los chimpancés en sus nidos nocturnos para analizarlas.

Sabrina Krief cuenta cómo un chimpancé llamado Yogi curó sus lombrices intestinales con hojas de 'Aneilema aequinoctiale' que engullía a primera hora de la mañana, un tratamiento que acompañó con corteza de 'Albizia grandibracteata', conocida por sus propiedades antiparasitarias en los cultivos.

Cuenta también cómo otro macho, Makokou, febril y sin fuerzas, se alimentó durante un día casi exclusivamente de hojas de 'Trichilia rubescens', cuyas moléculas, aisladas por los investigadores, matan los agentes del paludismo en cultivo.

Estas observaciones nos han "permitido poner al día nuevas moléculas de estas plantas con actividades antipalúdicas importantes, propiedades vermífugas y antitumorales", recalca Krief.

Dennis Kamoga, asistente en botánica, se encarga de recolectar y secar las muestras de las plantas ingeridas por los chimpancés, cuya extracción química y análisis se realiza en Uganda y en Francia.

El proyecto de colaboración entre Francia y Uganda estipula que, en caso de hallazgo de nuevos medicamentos, los dos países compartan los beneficios.

Nota Pedro Pozas: ¿Que beneficios sacan ellos si se les roba sus fórmulas?.

http://www.eltiempo.com/ciencia/noticias/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR-3848070.html

http://www.prensalatina.com.mx/Article.asp?ID=%7BB195D072-5C17-424E-9FE5-BD5180770FEC%7D&language=ES

http://www.24horaslibre.com/salud/1196955831.php

miércoles, 5 de diciembre de 2007

LOS CHIMPANCÉS UTILIZAN PALOS PARA EXCAVAR LA TIERRA Y SACAR TUBÉRCULOS

El Mundo/Ciencia
04-diciembre-2007

Los chimpancés no sólo usan ramas para sacar termitas de sus hormigueros y piedras para cascar nueces. Por primera vez se ha documentado que también utilizan palos para excavar en la tierra y sacar tubérculos que están casi a 30 centímetros de profundidad. Esta capacidad, que hasta ahora se creía exclusivamente humana, ha sido observada por primera vez en chimpancés de Ugalla, en la sabana de tanzana, por un grupo de investigadores de Estados Unidos.

Los primatólogos querían averiguar el comportamiento de estos primates en la sabana, dado que fue en este ambiente donde se inició la evolución de los homínidos. Aún hoy, los tubérculos son la mejor fuente de carbohidratos en estos ecosistemas. De hecho, como recuerda el paleontólogo Manuel Domínguez-Rodrigo, es el alimento energético más común para la etnia de cazadores-recolectores Hazda, que aún hoy afilan puntas de palos para hacerse con estas raíces.

El estudio de campo, que duró de agosto de 2001 a junio de 2003, dio resultado. Localizaron 11 lugares en los que los chimpancés habían excavado a profundidades que oscilan entre tres y 25 centímetros. Además, estudiaron sus heces para ver si consumían las raíces y así era, pero no por falta de comida, porque lo hacían al término de la época de lluvias cuando el campo está lleno de frutos.

Los investigadores (Adriana Hernández-Aguilar, Juan Moore y Travis Rayne) concluyen en la revista Proceedings of Nacional Academy of Science (PNAS) que el consumo de tubérculos no es típico del Homo, sino que ya tenía lugar ahace más de seis millones de años entre homínidos como los Australopitecus, como ya sugerían fragmentos de huesos encontrados en Sudáfrica. De este modo, obtenían energía suficiente para favorecer su evolución hasta nosotros.

NOTA: Pedro Pozas Terrados. (Proyecto Gran Simio):

En toda esta información, hay que añadir sin embargo, que Jordi Sabater Pi, el primatólogo mas importante de España y que no se le ha reconocido muchas de sus investigaciones, en 1988, en un informe titulado: “Estudio de unos bastones fabricados y usados por los chimpancés de las montañas de Okorobikó en Río Muni, en la entonces República de Guinea Ecuatorial, señala que él presencio como los chimpancés utilizaban palos para excavar las bases de los termiteros, haciendo agujeros y removiendo la tierra después y en alguna ocasión vio como excavaban en la tierra sin que existiera termitero alguno. Aunque no pudo contrastarlo, ya en este informe indicaba que posiblemente podría tratarse de una práctica más en el uso de herramientas al utilizarlas para hacer agujeros en aquellos puntos donde existían tubérculos.
Es más, en este mismo informe que data de 1988, Jordi Sabater Pí hace mención de Köhler W. (1925) refiriéndose al interés que tenían algunos chimpancés de su colonia, en excavar la tierra para lograr raíces que luego consumían. También nos dice que Van Lawick-Goodall, J. (1970) ha comprobado que los chimpancés de Gombe, para obtener miel de las colomenas subterráneas actúan de manera muy similar.

martes, 4 de diciembre de 2007

Los jóvenes chimpancés tienen mejor memoria que los humanos adultos, según estudio

Washington, 3 dic (EFE).- Los chimpancés de cinco años tienen mejor memoria fotográfica que los estudiantes universitarios, develó hoy un estudio de la revista Current Biology que podría acabar con la idea de la superioridad humana en todas las funciones cognitivas.

El estudio, realizado por un equipo de investigación sobre primates de la Universidad de Kyoto (Japón), podría significar que durante años se ha subestimado la capacidad intelectual de los antepasados más cercanos a la raza humana.

"Aquí mostramos por primera vez que los jóvenes chimpancés tienen una extraordinaria capacidad para trabajar con la memoria numérica, mejor que la de la de humanos adultos a los que se sometió a las mismas pruebas, siguiendo el mismo procedimiento", dijo el autor del estudio, Tetsuro Matsuzawa, de la Universidad de Kyoto.

El equipo de investigadores de esta universidad hizo una serie de pruebas a tres parejas de madres y crías de cinco años de chimpancés que competían con estudiantes universitarios en la realización de unos ejercicios de memoria numérica.

Todos los chimpancés, madres e hijos, aprendieron previamente a contar del uno al nueve.
El experimento consistió en mostrar a los diferentes sujetos varios números del uno al nueve en una pantalla. Posteriormente, los números fueron reemplazados por una casilla en blanco y los participantes en la prueba debieron señalar a través de pantalla táctil que número aparecía, dónde y en qué orden.

Los chimpancés jóvenes lograron memorizar la mayoría de los números, independientemente del tiempo que estos aparecían en la pantalla, que era menor a medida que avanzaba la prueba.
Sin embargo, según los investigadores, en el caso de los estudiantes universitarios se dieron peores resultados cuanto menor era el periodo de tiempo que el número aparecía en la pantalla.
En general, las crías de chimpancés dieron un mejor resultado que sus madres.

Matsuzawa consideró que la habilidad cognitiva de los chimpancés está relacionada con lo que se llama "imaginería eidética", una capacidad especial de recordar cosas oídas y vistas en una escena compleja con un nivel de detalle casi perfecto.

En filosofía, la palabra "eidética", procedente del griego 'eidés', se refiere al conocimiento intuitivo de la esencia.

Según el investigador, en el caso de los chimpancés ocurre algo parecido a la conocida "memoria fotográfica", que es una capacidad que poseen algunos niños y que tiende a empeorar con la edad.

Los resultados del estudio son sorprendentes para la mayoría de gente que considera que los chimpancés son inferiores a los humanos en todas las capacidades cognitivas. Sin embargo, los investigadores aseguran que esto es tan sólo la punta del iceberg.

"Se trata sólo de una parte de la inteligencia de los jóvenes chimpancés, que es muy flexible", dijo Matsuzawa.


http://es.noticias.yahoo.com/efe/20071203/tsc-los-jovenes-chimpances-tienen-mejor-539a483_1.html

lunes, 3 de diciembre de 2007

LAS INVESTIGACIONES DEMUESTRAN QUE LOS CHIMPANCÉS TIENEN UNA MEMORIA FOTOGRÁFICA EXTRAORDINARIA, MUY SUPERIOR A LA NUESTRA.

Varios chimpancés jóvenes superaron a estudiantes universitarios en tests de memoria diseñados por científicos japoneses.

La tarea consistía en recordar el lugar que ocupaban unos números en una pantalla, y la secuencia en la que aparecían.

Estos descubrimientos, publicados en Current Biology, sugieren que podemos haber subestimado la inteligencia de nuestros parientes vivos más próximos.

Hasta ahora, siempre se había dado por sentado que los chimpancés no podían equipararse a los humanos en memoria y otras habilidades mentales.
"Todavía hay mucha gente, incluidos muchos biólogos, que piensan que los humanos son superiores a los chimpancés en todas las funciones cognitivas", dice el jefe de la investigación, Tetsuro Matsuzawa de la Universidad de Kyoto.

"Nadie podía imaginarse que los chimpancés -jóvenes de cinco años- obtienen mejores resultados en una prueba de memoria que los humanos"

"Aquí demostramos por primera vez que los chimpancés jóvenes tienen una extraordinaria capacidad memorística para recordar números - mejor que la de los humanos adultos que han hecho las mismas pruebas con los mismos aparatos, siguiendo el mismo procedimiento"

http://news.bbc.co.uk/1/hi/sci/tech/7124156.stm

martes, 13 de noviembre de 2007

HALLAN UNA MANDÍBULA DEL ANCESTRO COMÚN AFRICANO DE TODOS LOS GRANDES SIMIOS.

LOS FÓSILES SE ENCONTRARON EN KENIA

Nueva especie vivió en Kenia hace 10 millones de años.
Sitúa en África toda la línea evolutiva humana.


El antepasado común de chimpancés, orangutanes, gorilas y humanos fue un gran simio que vivió hace casi 10 millones de años en Nakali, una zona al norte de Kenia en la que han aparecido fosilizados algunos de sus restos.

El hallazgo, realizado por un equipo de paleontólogos japoneses, vuelve a situar en el continente africano el origen de los grandes simios que forman parte de nuestro linaje, de donde había sido desplazado en los últimos años.

La falta de restos de grandes antropoides en África había situado en Eurasia la aparición del ancestro común de los primates, dado que allí sí que se habían encontrado fósiles de gran tamaño de hace más de nueve millones de años, como el emblemático 'Ouranopithecus macedoniensis' de Grecia.

Muchos investigadores defendían que ese antepasado común había vuelto al continente del sur y a su regreso habrían ido surgiendo las diferentes ramas que hoy se conocen de grandes simios. Una de las razones por las que se planteó esta teoría fue que, hasta ahora, sólo se habían hallado fósiles africanos de aquella lejana época de tamaño muy pequeño o demasiado especializados para ser relacionados con gorilas o chimpancés.

El 'Nakalipithecus nakayamai', del que se tienen una mandíbula y 11 trozos de huesos, ha cambiado el panorama.

Análisis dentario

El equipo de Yutaka Kunimatsu, de la Universidad de Kioto, ha hecho un exhaustivo análisis de los dientes del que, según parece, fue un gran homínido similar a las hembras de gorilas y orangutanes. Y concluye que, pese a las similitudes con sus contemporáneos euroasiáticos, el 'N. nakayamai' es sin duda una nueva especie que vuelve a colocar las cosas en su sitio: África ha sido, desde los inicios, la cuna de la evolución de todos los primates, incluidos los 'Homo'.

Los paleontólogos, que han publicado estos resultados en la revista americana 'Proceedings of National Academy of Science' (PNAS), recuerdan que en 1982 ya salieron a la luz, en las colinas Samburu, no muy lejos de Nakali, los dientes de otro homínido de hace entre nueve y 10 millones de años, bautizado como 'Samburupithecus kiptalami', aunque su clasificación estaba, y aún está, poco clara.

Es más, este mismo año, otros japoneses descubrieron en la región etíope de Afar restos de un primate de hace entre 10 y 10,5 millones de años, el 'Chororapithecus abyssinicus', que también fue presentado como un ancestro común.

"Como la biología molecular ha puesto de relieve, los gorilas se escindieron del árbol evolutivo común con los homínidos y los chimpancés hace entre 10 y nueve millones de años. Ahora estos fósiles vienen a apoyar estos resultados mostrando que, en el tiempo que el ADN sugiere que aparecieron los simios, los huesos son parecidos a los de un gorila", argumenta el paleontólogo español Manuel Domínguez-Rodrigo, que desde hace muchos años cada año trabaja en la Garganta de Olduvai, en Tanzania.

Para Domínguez-Rodrigo «ya no es necesaria la hipótesis de Eurasia. Ahora por fin tenemos incluso más de un candidato a antepasado y podemos decir que la evolución de los simios hasta los homínidos fue algo exclusivamente africano». El paleontólogo defiende que sin las circunstancias especiales de África en los últimos 10 millones de años, "no habrían surgido ni gorilas ni chimpancés y sin ellos, no tendríamos la base para el proceso que nos hizo humanos".

http://www.elmundo.es/elmundo/2007/11/12/ciencia/1194890678.html

Los chimpancés siguen la estela de los humanos.

Un estudio revela que los simios desentierran raíces para comer, como hacían los antiguos homínidos

Los grandes simios son, en muchos aspectos, una reminiscencia del pasado de los humanos. De ahí que el interés por conocer sus adaptaciones evolutivas trascienda la zoología para ayudar a reconstruir la evolución del Homo sapiens. Según el científico de la Universidad de California en San Diego, James Moore, “las modernas analogías son útiles para investigar nuestro pasado”.
Una pista capital en esta tarea de reconstrucción llega desde la comunidad de chimpancés de Ugalla, al oeste de Tanzania, y se refleja hoy en las páginas de la revista PNAS. Allí, las pruebas reunidas por Moore y sus colaboradores demuestran que estos primates emplean utensilios para desenterrar raíces comestibles, un comportamiento que se creía exclusiva potestad del hombre y de sus antepasados, aquellos que conquistaron el mundo por su dominio de las adaptaciones a medios hostiles.

Durante dos años, la primera firmante del estudio, la mexicana Adriana Hernández-Aguilar de la Universidad del Sur de California, ha recolectado muestras en este hábitat de transición entre la selva y la sabana abierta. Ugalla, cerca del lago Tanganika, es un monte bajo que sufre grandes cambios entre la estación lluviosa, de noviembre a mayo, y la temporada seca.
Caza y recolección

Los grandes simios, como los antiguos homínidos, se encuentran más cómodos en el medio selvático. Hace cinco millones de años, transformaciones en el clima redujeron la cobertura forestal de África, y los homínidos se vieron obligados a explotar parajes magros en recursos, como Ugalla.

Los paleoantropólogos suponen que parte del éxito evolutivo del linaje humano radica en haber superado esta escasez. La caza fue determinante en la supervivencia de los homínidos, pero también lo fue la recolección de alimentos vegetales, una actividad cuyo desarrollo, apuntan los autores, es menos conocido porque las herramientas utilizadas, como palos y trozos de corteza, no dejan rastro perdurable.

De acuerdo a las teorías al uso, la habilidad de los homínidos para cosechar tubérculos, bulbos y otros órganos vegetales subterráneos les permitió colonizar las regiones áridas. Con el tiempo, el cráneo y la dentadura de los australopitecinos se habían adaptado para masticar con facilidad los bulbos fibrosos y la carne de las presas cobradas.

Aunque los científicos no han logrado sorprender a los chimpancés en plena faena de excavación, los restos hallados en once lugares –diez de ellos bajo las nidadas de los simios– delatan esta actividad: huellas, excrementos, pelotas de fibra masticada y palos con signos de haberse utilizado para este fin. Curiosamente, algunos de los vegetales recolectados por los chimpancés son usados también por los nativos de la zona, pero no como alimento, sino como medicina.
No es la primera vez que se detecta esta insólita sabiduría de los chimpancés en el terreno de la medicina natural. Los autores recuerdan que algunas hojas con propiedades curativas son seleccionadas específicamente por estos parientes de los humanos que vienen, en términos evolutivos, pisando los talones.


Los primates cazan usando palos como lanzas (ya hemos dado esta noticia en el blog más hacía abajo)

Las nuevas observaciones sobre las costumbres recolectoras de los chimpancés complementan un trabajo previo que también descubría habilidades humanas en estos primates. Recientemente, Pruetz y Bertolani detallaban en la revista Current Biology otra sorprendente adaptación de los chimpancés que habitan en la sabana, donde no disponen de los recursos abundantes y constantes del medio selvático. Según estos autores, la población de chimpancés de Fongoli, en Senegal, ha aprendido a valerse de palos para desarrollar técnicas de caza. Utilizando estacas a modo de lanzas, dan caza a los gálagos, un tipo de primates arbóreos de pequeño tamaño.

http://www.publico.es/016300/chimpances/siguen/estela/humanos

jueves, 25 de octubre de 2007

adn

adn animales zoo almendralejo. de todo loq ue le dije va y me pone un porquillo, bueno
 
Pedro


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Pedro Pozas Terrados
Director Ejecutivo
Proyecto Gran Simio/España
www.proyectogransimio.org
Teléfono: 678 708 832
 

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miércoles, 17 de octubre de 2007

Un exagerado chillido para pedir ayuda a otros chimpancés más fuertes.

Los aparatosos chillidos de los chimpancés son a veces una falsa forma de pedir ayuda a un miembro de mayor rango del grupo para hacer frente a una potencial amenaza. Una manera de fingir que demuestra que "existe una mayor flexibilidad en su comunicación oral de lo que pensábamos con anterioridad", recoge la cadena británica BBC de los testimonios de los investigadores de la Universidad de Saint Andrews.

El estudio prueba que los primates, al ser fuertemente agredidos, producen chillidos agudos y prolongados de una forma muy exagerada para reclamar la ayuda de otros chimpancés de mayor rango que puedan vencer al enemigo. Pero también los simulan, según la doctora de psicología Katie Slocombe.

"Si no hay nadie alrededor de ellos, los chillidos son normales, pero si sí hay otro chimpancé, entonces suenan peor", afirma la experta.

Los investigadores pasaron nueve meses en el bosque Budongo, en Uganda, grabando los sonidos emitidos por los chimpancés para realizar después un análisis de sus características acústicas en ordenadores.

Scolombe concluye con el estudio que, además de variar sus chillidos para reclutar ayuda, los chimpancés tejen entre si una compleja red de relaciones. "Ellos saben exactamente quién se enfrenta con quién y sus relaciones a través de la modulación del sonido", agrega.

Aunque no se pueden establecer "paralelos directos" entre hombres y chimpancés, según Scolombe, sí existen algunas características similares. Por ejemplo, las crías no suelen chillar cuando se hieren ellas mismas a menos que haya otro chimpancé cerca.

El estudio ha sido promocionado por el Consejo de Investigación de Ciencias Biotecnológicas y Biológicas, y los resultados serán publicados por la Academia Nacional de Ciencias.

http://www.elmundo.es/elmundo/2007/10/16/ciencia/1192552735.html

domingo, 14 de octubre de 2007

El bipedismo surgió de una mutación genética hace 21 millones de años.

Descubre que un simio del Mioceno ya era capaz de caminar erguido, por lo que pudo ser un ancestro humano

Los orígenes de uno de los rasgos que caracterizan al ser humano, el bipedismo , podrían retroceder hasta hace 21 millones de años, 15 millones más de lo que se pensaba hasta ahora, a tenor de los resultados de un exhaustivo estudio sobre la espina dorsal de más de 200 fósiles de mamíferos que vivieron a lo largo de 250 millones de años.

Huesos del 'Morotopithecus bishopi' (Foto: Aaron G. Fillet)


El estadounidense Aaron G. Filler, que trabaja en el Museo de Zoología Comparada de Harvard y el Centro Médico Cedars Sinaí, ha descubierto que un antiguo simio, el 'Morotopithecus bishopi', encontrado en Uganda en los años 60, habría sido el primero en enderezar la columna para caminar erguido debido a una mutación genética. Filler denomina a estos bípedos como 'hominiformes' y los considera los antepasados comunes de chimpancés y humanos.

Para llegar a esta conclusión, que publica en la revista 'PLoS ONE', el autor se ha aprovechado de los avances de la genética homeótica, una mutación en los genes de los embriones por la cual se producen transformaciones en las vértebras.

Una de estas mutaciones habría sido la que permitió poner el cuerpo vertical en un individuo de un ancestro humano. "Lo que ocurrió a nivel embriológico es literalmente impresionante", ha señalado Aaron Filler, experto en biología espinal.

Filler explica en su trabajo que este defecto de nacimiento fue el que cambió la disposición de las vértebras. Aquel individuo habría sido el primer ser bípedo de la historia en una familia de cuadrúpedos.


Comparación de huesos del primate y de un 'Homo Sapiens' (Foto: Aaron G. Filler)

El mejor ejemplo de este tipo de organismo sería el 'Mortopithecus', hoy extinguido, pero hay otros. Entre ellos, según recuerda Filler, están los 'Oreopithecus', los 'Pieralopithecus catalaunicos' (encontrado en Barcelona), el 'Orrorin', y el 'Sahelanthropus'.

"Además, el bipedismo es común entre todos los simios, pero es el método de locomoción en tierra dominante entre los gibones, por ejemplo. También se ha sabido que los orangutanes lo practican. Hoy ya no es posible decir que mi teoría es imposible. La denomino el modelo Humanian, frente al troglodita, el de un ancestro que caminaba con los nudillos", defiende el investigador en declaraciones a elmundo.es.

"Creo que el origen del bipedalismo surgió en un sola generación por una mutación genética en el Mioceno», añade Filler. El científico, que dedicó su tesis a la evolución de la espina dorsal en mamíferos, asegura: "Aceptamos que el 'Australopithecus' es humano aunque su cerebro es como el de un simio y decimos que los humanos nos separamos de los chimpancés hace seis millones de años, pero si un antepasado común fue bípedo, entonces esa criatura también debería ser llamada humano y no simio. Así que varios simios modernos deberían ser calificados como humanos", concluye.

Pero la teoría de la mutación de Filler es polémica y muchos paleontólogos no están convencidos. Entre ellos José María Bermúdez de Castro, director del Centro Nacional para la Investigación de la Evolución Humana. "Si aquel simio de hace 21 millones de años fuera un ancestro humano, los chimpancés también serían bípedos", explica el paleontólogo.

El especialista español sí cree que el bipedimo pudo haber aparecido antes de lo que ahora sabemos con certeza. "Quizás surgió y luego desapareció porque en aquel momento, por el entorno y el clima, no generaba ventajas andar erguido. Sin embargo, hace unos seis millones de años sí que puedo ser ventajoso andar sobre dos patas porque había menos bosques", explica. De hecho, el éxito del bipedismo como modo de locomoción se atribuye a la expansión de la sabana, puesto que evitaría el calor, permitía liberar las manos y significaba un ahorro de energía en momentos de escasez de alimentos.

http://www.plosone.org/home.action

http://www.elmundo.es/elmundo/2007/10/09/ciencia/1191946769.html

domingo, 7 de octubre de 2007

La inteligencia es una cuestión de cultura.

Fotografías: Pedro Pozas Terrados

Un estudio demuestra que la inteligencia de un niño de dos años es superior a la de los grandes simios gracias a la influencia del entorno . Un simio es capaz de hacer pequeñas sumas y de usar herramientas que un niño de dos años no sabe ni cómo hacerlo, pero el pequeño es desde esa edad ya más inteligente por haber aprendido culturalmente a interpretar intenciones y a imitar a los adultos para resolver un problema, y no porque tenga un cerebro más grande, según un estudio que mañana publica la revista Science.

La inteligencia humana se debe así a una especialización de la cultura, y no a una inteligencia general asociada al mayor tamaño cerebral, según una investigación realizada durante los últimos cuatro años por un equipo internacional en el que han participado los españoles Josep Call y Victoria Hernández-Lloreda.
Hernández-Lloreda ha explicado que para su investigación se ha aplicado "una amplia batería de tests cognitivos" a 106 chimpancés y 32 orangutanes, y a 105 niños de 2 años de edad. Para igualar las condiciones de aplicación de los tests a las diferentes especies llegaron a poner una barrera de plexiglás entre quien realizaba las pruebas y el niño, a fin de simular el mismo entorno en el que se hacían a los simios.

Los chimpancés, mejores sumando

Los dos obtuvieron resultados muy similares en los tests relativos al conocimiento del mundo que les rodea, e incluso los chimpancés mejor que los niños en operaciones de rotación, sumas de pequeñas cantidades y uso de herramientas.

Sin embargo, los pequeños, lejos aún de la edad de escolarización en la que aprenden a contar y a leer, tuvieron mejores resultados en tareas relacionadas con la comprensión del mundo social.

Si los niños simplemente tuvieran más inteligencia general que los grandes simios, se deberían haber encontrado diferencias sistemáticas en todas las áreas, pero no fue así.
Más preparados para aprender
Las mayores capacidades de los niños en cognición y aprendizaje social a esa edad, cuando aún sus capacidades de cognición física son como las de los grandes simios, sugieren una adaptación biológica específica para la vida social y la cultura.

A partir de esas habilidades están preparados para adquirir otras más complejas y gran cantidad de información a través tanto de la imitación como de la instrucción.

Sin esas capacidades socio-cognitivas los niños avanzarían muy poco con respecto a los grandes simios en sus capacidades matemáticas, por ejemplo, ya que no podrían utilizar los símbolos numéricos, explicó Hernández-Lloreda, profesora del departamento de Metodología de Ciencias del Comportamiento de la Universidad Complutense de Madrid (UCM).

Preparados por la cultura

Por lo tanto, son las habilidades socio-cognitivas las que dan la clave para entrar en el mundo de la cultura, y crecer dentro de un grupo cultural permite a los niños beneficiarse de las habilidades y el conocimiento adquiridos por el resto de la especie, acceder al uso de herramientas y símbolos, incluido el lenguaje, que otros ya han desarrollado.

El experimento, para el que Hernández-Lloreda elaboró el desarrollo psicométrico de la batería de tests, se realizó en el instituto Max Plank de Antropología Evolutiva de Leipzig (Alemania), donde trabaja Call, que es además codirector del Wolfang Köhler Primate Research Center.
El trabajo se enmarca en una colaboración entre el instituto Max Plank y la Universidad Complutense, que comenzó en 2003 y se formalizó con un convenio de colaboración hace dos años entre la institución alemana y el grupo de estudio de las relaciones sociales de la UCM del que forma parte Hernández.

http://www.rafaela.com/portal/modules.php?name=News&file=article&sid=8416

http://www.sciencemag.org/archive/

miércoles, 12 de septiembre de 2007

Los chimpancés roban alimentos para conquistar al sexo opuesto.

EFE. El Universal. Washington. Martes 11 de septiembre de 2007

Revela estudio que los machos utilizan los robos a huertos y granjas para jactarse de sus proezas, especialmente frente al sexo opuesto

Un grupo internacional de científicos ha descubierto que los chimpancés del África Occidental roban alimentos para entrar en sociedad y conquistar a las hembras, reveló un estudio divulgado hoy por la revista PLoS ONE.

Según Kimberley Hockings, investigadora de la Universidad de Stirling, en Escocia, los machos utilizan los robos a huertos y granjas para jactarse de sus proezas, especialmente frente al sexo opuesto.

En realidad, según los científicos, estos primates parecen imitar al ser humano, que hace miles de años empleó los alimentos como moneda de cambio para formar grupos sociales o llamar la atención.

"Ese comportamiento atrevido (en los chimpancés) parece ser una característica atractiva, y poseer un alimento muy sabroso, como una papaya, atrae la atención positiva de las hembras", señaló Hockings.

El estudio realizado en la aldea de Bossou, en Guinea, es el único que registra el acto de compartir alimento entre chimpancés salvajes.

"Se trata de una conducta extraña, aunque la mayor parte de la dieta de los chimpancés sea de vegetales. Es algo que no ocurre con frecuencia. Sin embargo, en comunidades de chimpancés dedicadas a la caza, compartir carne es un instrumento social para forjar alianzas y vínculos sociales", indicó Hockings.

Los investigadores descubrieron que los machos adultos compartían el botín de sus incursiones por huertos y granjas solamente con hembras en edad reproductiva, especialmente con alguna con la que habían establecido un contacto previo.

El macho que compartía la mayor parte de su alimento con esa hembra entraba en un cortejo y recibía de ella un mayor contacto físico que otros machos, aunque estos fueran los más fuertes.
"Por lo tanto, los chimpancés machos parecen hacer gala de sus habilidades y canjean la fruta prohibida por otro bien, que en este caso puede ser sexo", señaló la científica.

En el estudio también participaron científicos de la Universidad de Wisconsin-Madison, en Estados Unidos, de la Universidad de Oxford, en el Reino Unido, y de la Universidad de Lisboa, en Portugal.


Los chimpancés también son capaces de resistir tentaciones

ESTUDIO DE LA UNIVERSIDAD DE GEORGIA, EN LOS ESTADOS UNIDOS

Para contenerse y no ceder a una tentación, es natural tratar de distraer la propia atención del objeto deseado. Evidente en el hombre, este comportamiento acaba de ser observado en chimpancés por dos psicólogos del Centro de Investigaciones del Lenguaje, de la Universidad de Georgia, en Atlanta, Estados Unidos.

"El dominio de sí" era ya conocido en los chimpancés. En la naturaleza, saben inhibir pulsiones "que no se corresponden con su interés de largo plazo", explican los autores del estudio. En lugar de "comer rápido lo que tienen a mano", prefieren recorrer una distancia mayor y buscar frutos más calóricos. O incluso elaborar herramientas para romper la cáscara de las frutas en lugar de contentarse con simples vegetales. Del mismo modo, cuando está a punto de aparearse con una hembra, un chimpancé optará por esperar a que se haya ido otro macho que merodea en la zona para no ser molestado.
La novedad estriba en "la adopción de una estrategia para distraerse". Para su estudio, publicado en Biology Letters, los investigadores sometieron a prueba con éxito la capacidad de los chimpancés para "desarrollar una estrategia" en un ejercicio en el cual la recompensa era mucho más importante si los simios lograban tener paciencia. Esto exige "un nivel de sofisticación del comportamiento rara vez observado fuera del hombre", explican.

Cuatro chimpancés fueron colocados, uno a uno, frente a un recipiente donde se iban acumulando los caramelos si ellos no los tomaban. Los chimpancés a cuya disposición se habían puesto juguetes lograron tener paciencia más tiempo que los demás y, por lo tanto, obtener más golosinas. Contrariamente, cuando los caramelos no estaban accesibles, los monos jugaban menos tiempo.

"Los chimpancés se dieron cuenta de que había una ventaja en ocuparse de los juguetes", afirmó Theodore A. Evans, coautor de la publicación.


martes, 11 de septiembre de 2007

La capacidad para digerir el almidón pudo condicionar la evolución humana

Hay diferencias incluso entre los seres humanos.

Un grupo de investigadores ha medido la presencia de copias de un determinado gen, responsable de la producción de una enzima relacionada con la digestión del almidón, en distintos grupos de primates y seres humanos. La principal conclusión el que tipo de dieta está relacionada con el número de copias de ese gen. Los resultados aparecen en un artículo publicado en 'Nature Genetics'.

Durante la mayor parte del día un gorila no hace otra cosa más que comer. En cambio, los seres humanos tenemos una dieta más amplia; en gran medida constituida por vegetales, pero de gran contenido calórico. Esto nos proporciona muchas ventajas sobre otros primates. Una de ellas, tiempo. No tenemos que dedicar tantas horas a la recogida, masticación y penosa digestión de alimentos abundantes aunque poco calóricos. A los humanos nos basta con tomar un poco de arroz, trigo, maíz o patatas.

Esto es debido a que en la saliva (y también en el pancreas) generamos una enzima denominada amilasa, que reduce el almidón de los alimentos a azúcar. La generación de esta enzima está directamente relacionada con la presencia de un gen, el AMY1. Cuantas más copias de este gen dispongamos más fácil nos resultará la producción de amilasa. En comparación, los chimpancés y los bononos (un tipo de mono) tienen tres veces menos copias de ese gen que nosotros; y, por tanto, una producción de amilasa muy inferior.

En opinión de los científicos responsables de la investigación, "ese mayor número de copias de AMY1 fue probablemente ganado en la evolución humana, más que perdido por los chimpancés". Nate Dominy, antropólogo de la Universidad de California en Santa Cruz, y uno de los investigadores responsables del estudio, cree que el cambio en la dieta pudo haber favorecido el crecimiento del cerebro de los homínidos que tuvo lugar hace dos millones de años.

Pero la mayor o menor presencia de estas copias del gen AMY1 no sólo varía entre primates; también lo hace entre distintos seres humanos. Aunque de forma menos acusada que con los otros primares, los investigadores han podido observar cómo los japoneses y los europeos tienen más copias de ese gen que pueblos tan dispares como los biaka africanos o los yakutos de Siberia. No parece casual que los primeros tengan dietas basadas en alimentos con almidón (arroz y trigo), y los segundos no. Los autores concluyen que la selección natural ha favorecido un número creciente de copias del gen AMY1 en aquellas comunidades que tenían este tipo de dietas.

http://www.nature.com/ng/index.html

http://www.elmundo.es/elmundo/2007/09/11/ciencia/1189502984.html

viernes, 7 de septiembre de 2007

Cómo abre un tubo un chimpancé.

Internacional Los primates no humanos no acumulan conocimiento. Los humanos sí, a través del aprendizaje social. Las diferencias entre las habilidades humanas de aprendizaje social y las de los grandes primates se demuestran por primera vez de forma exhaustiva en un estudio del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva que publica hoy la revista Science.

El investigador español Josep Call y su colega Esther Herrmann explicaron ayer en Berlín cómo ocho años de experimentos con unos 230 sujetos -100 niños de dos años y medio, 100 chimpancés y 30 orangutanes- les llevaron a conclusiones que pueden sorprender a los legos en teoría evolutiva y comportamiento animal: el mono improvisa y se enfrenta a los problemas con creatividad -algo roma-, mientras que los niños tienden a remedar los comportamientos que ven.
Un problema típico sería un tubo de plástico que encierra comida. El chimpancé tratará de abrirlo por la fuerza, le dará vueltas, lo morderá y lo golpeará. El niño busca la solución imitando a quien le quede cerca. Si es otro humano que le demuestra la habilidad de abrir el tubo, el niño lo abrirá también por el mismo método. Si está a solas con un mono, lo más probable es que el niño muerda, golpee y trate de abrir el tubo por la fuerza. A los dos años y medio, la aptitud física de los humanos es similar a la de los chimpancés. Sin embargo, los niños superaron correctamente el 74 por ciento de las pruebas propuestas por los investigadores cuando éstos les mostraban la solución. Los chimpancés y los orangutanes, sólo el 33 por ciento.
El cerebro humano es tres veces mayor que el de los chimpancés. Es una ventaja obvia, que a los investigadores -entre ellos María Victoria Hernández-Lloreda, de la Universidad Complutense de Madrid- no les explica, sin embargo, la mayor inteligencia humana, su capacidad de abstracción y de adaptación. La inteligencia social de la que el hombre dispone ahorra tiempo de aprendizaje y energía. Así, los humanos no tienen que descubrir de nuevo las habilidades que necesitarán en el curso de sus vidas.Call enarbolaba ayer un sencillo abrebotellas para ilustrarlo. Ningún ser humano del mundo podría aprender por sí mismo todas las habilidades que se necesitan para fabricar una cosa tan simple como ésta: las aleaciones del metal, las máquinas para la producción, el diseño .
Call defiende la hipótesis de que un solo mono, por el contrario, sí que puede aprender por sí mismo todos los comportamientos y habilidades que dominan sus congéneres en la naturaleza.
Otro ejemplo al que recurrió Call es el álgebra, que no existió hasta hace poco más de mil años. Su conocimiento se ha extendido a pesar de ello en todo el mundo mediante la enseñanza. Es improbable que pudiera reinventarse por cada generación.Mantiene el investigador la hipótesis de que los seres humanos desarrollaron estas habilidades por su nomadismo ancestral. Según el científico, el desarrollo de habilidades sociales facilita el reconocimiento grupal entre individuos aun cuando están rodeados de extraños . Los chimpancés viven en grupos sociales de cierta complejidad y usan signos poco complejos para comunicarse. Sin embargo, apenas abandonan su grupo durante toda su vida, de modo que no necesitan construir frente a extraños su identidad social.
Fuente: El País

jueves, 6 de septiembre de 2007

Un niño de 2 años es más inteligente que un mono por cultura, no por cerebro

Un simio es capaz de hacer pequeñas sumas y de usar herramientas que un niño de dos años no sabe ni cómo coger, pero el pequeño es desde esa edad ya más inteligente por haber aprendido culturalmente a interpretar intenciones y a imitar a los adultos para resolver un problema, no porque tenga un cerebro más grande.

Es decir, la inteligencia humana se debe a una especialización de la cultura, y no a una inteligencia general asociada al mayor tamaño cerebral, según una investigación realizada durante los últimos cuatro años por un equipo internacional en el que han participado los españoles Josep Call y Victoria Hernández-Lloreda.

Hernández-Lloreda explicó a Efe que para su investigación, que mañana publica la revista Science, se ha aplicado "una amplia batería de tests cognitivos" a 106 chimpancés y 32 orangutanes, y a 105 niños de 2 años de edad.

Para igualar las condiciones de aplicación de los tests a las diferentes especies llegaron a poner una barrera de plexiglás entre quien realizaba las pruebas y el niño, a fin de simular el mismo entorno en el que se hacían a los simios.

Los dos obtuvieron resultados muy similares en los tests relativos al conocimiento del mundo que les rodea, e incluso los chimpancés mejor que los niños en operaciones de rotación, sumas de pequeñas cantidades y uso de herramientas.

Sin embargo, los pequeños, lejos aún de la edad de escolarización en la que aprenden a contar y a leer, tuvieron mejores resultados en tareas relacionadas con la comprensión del mundo social.

Si los niños simplemente tuvieran más inteligencia general que los grandes simios, se deberían haber encontrado diferencias sistemáticas en todas las áreas, pero no fue así.

Las mayores capacidades de los niños en cognición y aprendizaje social a esa edad, cuando aún sus capacidades de cognición física son como las de los grandes simios, sugieren una adaptación biológica específica para la vida social y la cultura.A partir de esas habilidades están preparados para adquirir otras más complejas y gran cantidad de información a través tanto de la imitación como de la instrucción.Sin esas capacidades socio-cognitivas los niños avanzarían muy poco con respecto a los grandes simios en sus capacidades matemáticas, por ejemplo, ya que no podrían utilizar los símbolos numéricos, explicó Hernández-Lloreda, profesora del departamento de Metodología de Ciencias del Comportamiento de la Universidad Complutense de Madrid (UCM).

Por lo tanto, son las habilidades socio-cognitivas las que dan la clave para entrar en el mundo de la cultura, y crecer dentro de un grupo cultural permite a los niños beneficiarse de las habilidades y el conocimiento adquiridos por el resto de la especie, acceder al uso de herramientas y símbolos, incluido el lenguaje, que otros ya han desarrollado.

El experimento, para el que Hernández-Lloreda elaboró el desarrollo psicométrico de la batería de tests, se realizó en el instituto Max Plank de Antropología Evolutiva de Leipzig (Alemania), donde trabaja Call, que es además codirector del Wolfang Köhler Primate Research Center.El trabajo se enmarca en una colaboración entre el instituto Max Plank y la Universidad Complutense, que comenzó en 2003 y se formalizó con un convenio de colaboración hace dos años entre la institución alemana y el grupo de estudio de las relaciones sociales de la UCM del que forma parte Hernández.-EFEJueves, 06 Septiembre, 2007

miércoles, 22 de agosto de 2007

Investigadores hallan fósiles de gorila de 10 millones de años.

LONDRES (Reuters) - Investigadores que trabajaban en Etiopía desenterraron fósiles de un gorila de 10 millones de años de antigüedad, un descubrimiento que podría sugerir que los humanos y los grandes simios africanos pudieron haberse separado mucho antes de lo pensado.
El equipo etíope y japonés nombró a la especie Chororapithecus abyssinicus y dijo que representaba al primer primate reconocido con relación directa a los gorilas, chimpancés y bonobos de hoy en día.

"Los registros de fósiles humanos datan de seis a siete millones de años atrás, pero no sabemos nada de cómo la línea humana emergió de los gorilas," dijeron los investigadores en un comunicado el miércoles, que acompañó a la publicación de su estudio en la revista Nature.
"Chororapithecus nos da un primer vistazo del antecedente de los gorilas en la historia de los orígenes humanos," agregó.
Los investigadores encontraron los fósiles en un terreno empinado e irregular, 170 kilómetros al este de Addis Abeba.

El equipo, que desenterró un diente canino y ocho molares, determinó que éstos eran de un gran gorila porque compartían características especiales con los primates modernos, que comen alimentos fibrosos como raíces y hojas.

Concluyeron que el Chororapithecus era una forma primitiva de gorila o una rama independiente, que tuvo una adaptación similar casi al mismo tiempo en que la línea de esos simios estaba emergiendo en otras zonas.

"Si no es un pariente del gorila, entonces es algo muy parecido a lo que debería haber sido un gorila prematuro," dijo Gen Suwa de la Universidad de Tokio, uno de los investigadores.
Peter Andrews, paleontólogo del British Natural History Museum y experto en orígenes humanos, consideró al descubrimiento emocionante porque la evidencia fósil de grandes gorilas, los parientes vivientes más cercanos de los humanos, es casi inexistente.

Pero dijo que no estaba suficientemente seguro acerca de las características de los dientes de gorila del nuevo fósil como para nombrar una especie anterior, como han hecho los investigadores, que retrasa la línea de tiempo de separación entre los simios y los humanos.
"Hacer una escala de tiempo para la evolución de los grandes gorilas basada en este nuevo fósil es exagerar la evidencia," dijo Andrews en una entrevista telefónica.

Algunos científicos también han especulado con que la línea directa del gorila ancestral que engendró a sus descendientes, los chimpancés y los humanos llegó a Africa desde Euroasia.
Pero los investigadores dijeron que sus descubrimientos sumaban evidencia al hecho de que Africa fue el lugar de origen tanto de los humanos como de los gorilas modernos. Por otro lado, sugerían que los gorilas se separaron de un ancestro común con los humanos y chimpancés mucho antes de la fecha aceptada de 7 a 8 millones de años atrás.

"Chororapithecus indica que se necesita reconsiderar esta asunción," dijeron los investigadores. "De hecho, si la línea de orangutanes estaba presente en Africa antes (de la) primera migración del Mioceno (unos 23 a 25 millones de años atrás) de gorilas desde Africa hasta Euroasia, entonces la división de humanos y orangutanes puede remontarse fácilmente a 20 millones de años atrás."


Los humanos divergieron de los gorilas varios millones de años antes de lo que se pensaba.

Así lo revelan los fósiles de un antepasado del gorila de hace 10 millones de años hallados en EtiopíaFósiles de una nueva especie de gran simio indican que en el árbol evolutivo, las ramas de humanos y la de los gorilas divergieron hace aproximadamente diez millones de años, según un estudio del Museo de la Universidad de Tokio (Japón) y el Servicio de Investigación del Valle del Rift en Adís Abeba (Etiopía) que se publica en la revista 'Nature'.

Los datos existentes hasta el momento derivados de estudios genómicos apuntaban a que la separación entre humanos y gorilas se había producido hace entre 6 y 8 millones de años, mientras que la que se produjo entre chimpancés y humanos había sido hace entre 5 y 6 millones de años.

Los investigadores informan del descubrimiento y reconocimiento de una nueva especie de gran simio, el 'Chororapithecus abyssinicus', procedente de localizaciones de hace entre 10 y 10,5 millones de años de la Formación de Chorora al sur del margen del valle de Afar. El descubrimiento permite a los expertos concretar de forma más definida el momento en el que los gorilas se separaron de la rama de chimpancés y humanos.

Según los investigadores, estos son los primeros fósiles de un simio de gran tamaño del Mioceno procedentes del norte de Kenia del continente Africano. Los restos, analizados a través de tomografía computerizada, muestran características de una dentición de tamaño de gorila similar a las de los gorilas modernos. Las características dentales sugieren que el Chororapithecus podría ser un miembro del linaje de los gorilas. De ser así, la divergencia entre gorilas y la rama de los chimpancés y humanos debió haberse producido antes de hace diez millones de años, restringiendo las fechas de esta divergencia a través de la comparación de las secuencias genéticas modernas.

Los investigadores explican que gracias al descubrimiento del 'Ardipithecus', el 'Orrorin' y el 'Sahelanthropus', el conocimiento de la evolución de los homínidos antes de la aparición del Austrolopithecus ha aumentado de forma significativa, extendiendo atrás el registro fósil de homínidos al menos 6 millones de años. Sin embargo, debido a la escasez de restos fósiles de homínidos en el África subsahariana en el periodo de hace entre 12 y 7 millones de años, no se conoce nada del momento y modo de divergencia del simio africano y los linajes de homínidos.

La mayoría de estudios genómicos sugieren una fecha de divergencia tardía, hace entre 5 y 6 millones de años y entre 6 y 8 millones de años en el caso de la separación entre humanos y chimpancés y humanos y gorilas respectivamente, y algunos análisis paleontológicos y moleculares plantean la hipótesis de un origen euroasiático del simio africano y del linaje de los homínidos.

miércoles, 8 de agosto de 2007

El hallazgo de dos fósiles en Kenia desmonta la teoría del origen del hombre.

Según el "University College London"
Sus descubridores aseguran que el Homo erectus no desciende del 'Homo habilis' porque coincidieron en el tiempo y afirman, además, que el 'Homo erectus' no era tan parecido a los humanos

EUROPA PRESS

El hallazgo en Kenia de dos fósiles atribuídos al Homo habilis y al Homo erectus ha trastocado la concepción de la evolución de los homínidos tal como se ha entendido hasta ahora. Sus descubridores aseguran que el Homo erectus no desciende del Homo habilis porque coincidieron en el tiempo y afirman, además, que el Homo erectus no era tan parecido a los humanos.

Un estudio del University College London en Reino Unido y publicado en la revista Natura apunta a que los restos, descubiertos al este del Lago Turkana en Kenia, muestran que estas dos especies, que antes se creían que habían evolucionado de forma sucesiva, en realidad vivieron a la vez en el este de Africa durante al menos medio millón de años. El fósil de H. erectus es el más pequeño descubierto hasta la fecha, lo que sugiere que esta especie no era tan parecida a los humanos como se pensaba.

Los investigadores atribuyen al primer especimen fragmentos del hueso de la mandíbula superior, al H. habilis. Estos huesos proporcionan la última fecha conocida de existencia para esta especie, que la sitúa hace 1,44 millones de años, mucho antes de lo estimado con anterioridad. El segundo fósil, un cráneo de H. erectus de hace 1,55 millones de años, es importante ya que su tamaño medio es cercano al del H. habilis. Esto indica que las especies mostraron un dimorfismo sexual destacado en el que el macho era mucho más grande que la hembra, como en el caso de los gorilas de nuestros días.

Según sus autores, los datos del trabajo muestran que H. habilis y H. erectus en realidad vivieron a la vez en la cuenca de Turkana durante cerca de medio millón de años, por lo que su coexistencia hace improbable que el H. erectus evolucionara a partir del H. habilis. Ambas especies debieron originarse hace entre dos y tres millones de años, una época de la que se conocen pocos fósiles del género Homo.

Los autores concluyen que, debido a que ambas permanecieron como especies individuales separadas durante largo tiempo, probablemente cada una de ellas contara con su propio nicho ecológico y evitaran una competición directa entre sí.

jueves, 2 de agosto de 2007

Los orangutanes se comunican mediante un lenguaje de gestos

Los orangutanes se comunican mediante un lenguaje de gestos, similar al que empleamos los seres humanos cuando jugamos a adivinar títulos de películas, según un estudio divulgado hoy por la revista "Current Biology".

Más aún, los orangutanes en cautividad modifican de forma intencionada los movimientos de sus manos y otro tipo de gestos en función del éxito obtenido en su comunicación, de acuerdo con el estudio.

Para investigar la forma de comunicación de los orangutanes, Erica Cartmill y Richard Byrne, de la Universidad de St. Andrews, en Escocia, pusieron a seis de estos primates en situaciones en las que debían conseguir alimento con ayuda humana.

Pero los científicos hicieron una trampa. En vez de ayudarles todo el tiempo, en ocasiones simulaban entender de manera equivocada los gestos de los orangutanes.

En algunos casos, los investigadores les dieron la mitad de lo que querían; en otras, les pasaron la parte menos sabrosa del alimento que pedían.

Cuando la persona con la que trataban de comunicarse no acataba sus deseos, los orangutanes persistían en sus gestos. Al conseguir que se les entendiera, reducían su catálogo de gestos a los que habían tenido buenos resultados y los repetían una y otra vez.

Por el contrario, cuando no lograban que se les entendiera, los primates no volvían a utilizar los gestos "fracasados", según los científicos.

"Nos sorprendió la forma en que los orangutanes evaluaron la comprensión de la persona que observaba sus gestos", manifestó Byrne.

"Esto significa que transmiten a su audiencia su valoración sobre cuánto se han hecho entender", agregó.

Según el científico, es lo mismo que en el "juego de las películas" en el que uno de los participantes se esfuerza por dar a conocer el nombre de un filme exclusivamente mediante gestos.

"Al ver los vídeos de las respuestas del orangután, se puede deducir con facilidad si el animal piensa que se le ha entendido total o parcialmente... o si no se le ha entendido en absoluto", según Byrne.

Por otra parte, Cartmill manifiesta que esta respuesta demostró que el orangután aspiraba a conseguir un resultado y persistió en sus intentos hasta que lo logró.

EFE/ Washington

http://www.abc.es/20070802/sociedad-medio-ambiente/orangutanes-comunican-mediante-lenguaje_200708021928.html

http://www.current-biology.com/content/future

http://www.current-biology.com/content/article/abstract?uid=PIIS0960982207016405

martes, 31 de julio de 2007

EL ÁRBOL DE LA FAMILIA HUMANA

Los paleontólogos rastrean la evolución de los homínidos desde que se separaron del chimpancé

Hubo un tiempo en el que los fósiles y unos cuantos artefactos de piedra eran prácticamente los únicos medios que los científicos tenían para rastrear las líneas de la primera evolución humana. Y las lagunas en esas pruebas materiales resultaban frustrantes por lo amplias que eran. Cuando los biólogos moleculares se unieron a la investigación hace unos 30 años, sus técnicas de análisis genético produjeron revelaciones asombrosas. Los estudios de ADN señalaban que hace al menos 130.000 años existió en África una antepasada de todos los humanos anatómicamente modernos. Inevitablemente acabó siendo conocida como la Eva africana.
Otras investigaciones genéticas trazaron patrones de migración ancestrales y la relación extremadamente cercana entre el ADN de los humanos y el de los chimpancés, nuestros parientes vivos más cercanos. Las claves genéticas también establecen el momento aproximado en el que el linaje humano empezó a diferenciarse del ancestro común con los simios: hace entre seis y ocho millones de años.

Al principio, los investigadores de fósiles se mostraron escépticos, una reacción influida quizá por su consternación al tropezar con científicos furtivos en su campo. Estos paleoantropólogos sostenían que los llamados relojes moleculares de los biólogos no eran fiables, y en algunos casos no lo eran, aunque al parecer no en un grado significativo.

Ahora los paleoantropólogos dicen que aceptan a los biólogos como aliados para situar la búsqueda de orígenes humanos desde distintos ángulos. En buena medida, una rápida sucesión de descubrimientos de fósiles a comienzos de la década de 1990 ha restaurado la confianza de los paleoantropólogos en la importancia de su método para el estudio de los primeros homínidos, esos antepasados fósiles y las especies relacionadas en la evolución humana.

Los nuevos hallazgos han llenado parte de las enormes lagunas en el registro fósil. Han duplicado el récord de antigüedad desde los 3,5 millones hasta casi 7 millones, y más que duplicado el número de las primeras especies de homínidos conocidas. Los dientes y los fragmentos de huesos indican la forma -la morfología- de estos antepasados que supuestamente acababan de atravesar la línea que separa a los humanos de los simios. "La discrepancia entre la morfología y las moléculas ya no es de hecho tan grande", afirma Frederick E. Grine, paleoantropólogo de la Universidad del Estado de Nueva York en Stony Brook.

Al disponer de más datos, señala Grine, los científicos están, en cierto sentido, dando cuerpo a los conocimientos genéticos con fósiles cada vez más antiguos. Hacen falta los huesos apropiados para establecer si una especie andaba erguida, algo que se considera un rasgo definitorio de los homínidos después de separarse del linaje de los simios. "Todo lo que la biología puede decirnos es que nuestro pariente más cercano es un chimpancé y aproximadamente cuándo tuvimos un antepasado común", explica. "Pero la biología no puede decirnos qué apariencia tenía ese antepasado, qué determinó ese cambio evolutivo ni a qué velocidad se produjo".

Tim D. White (Universidad de California en Berkeley), afirma que aunque las especies de homínidos tenían en sus primeras formas un aspecto mucho más simiesco, "hemos llegado a comprender que no se puede extrapolar desde el chimpancé moderno para obtener una imagen del último antepasado común. Los humanos y los chimpancés han experimentado cambios con el tiempo".

Pero White, uno de los buscadores de homínidos más veteranos, admite que los datos genéticos han proporcionado a los paleoantropólogos un marco temporal para su búsqueda. Siempre tienen la mirada puesta en un horizonte temporal para los orígenes de los homínidos, que ahora parece ser de al menos siete millones de años.

Desde su descubrimiento en 1973, la especie Australopithecus afarensis, personificada por el famoso esqueleto de Lucy, ha sido la divisoria continental en la exploración de la evolución de los homínidos. Donald Johanson, descubridor de Lucy, y White establecieron que este individuo de aspecto simiesco vivió hace 3,2 millones de años, caminaba erguido y probablemente fue un antepasado directo de los humanos. Otros especímenes afarensis y algunas huellas de pie evocativas demostraron que la especie existió durante al menos un millón de años, hasta hace tres millones.

En la década de 1990, los científicos cruzaron por fin la frontera de Lucy. En Kenia, Meave G. Leakey, miembro de la famosa familia de arqueólogos, descubría un Australopithecus anamensis, que vivió hace aproximadamente cuatro millones de años y parece haber sido un precursor de los afarensis. Otro descubrimiento de Leakey puso en entredicho la opinión dominante de que el árbol familiar tenía más o menos un solo tronco procedente de las raíces simiescas hasta llegar a una copa ocupada por los Homo sapiens. Pero se hallaron pruebas de que la nueva especie, llamada Kenyanthropus platyops, coexistía con los parientes afarensis de Lucy.
El árbol familiar se parece ahora más a un arbusto con muchas ramas. "El mero hecho de que ahora mismo sólo haya una especie humana no significa que siempre haya sido así", puntualiza Grine.

Pocos fósiles de homínidos han aparecido para el periodo comprendido entre los tres y los dos millones de años, durante el cual los homínidos empezaron a fabricar herramientas de piedra. La primera especie Homo entró en el registro fósil hace unos dos millones de años, y la transición a cerebros mucho mayores empezó con el Homo erectus, hace aproximadamente 1,7 millones de años. Otros descubrimientos recientes han retrocedido más en el tiempo, hasta acercarse a los orígenes de los homínidos predichos por los biólogos moleculares.

White ha participado en excavaciones en Etiopía en las que se han encontrado muchos especímenes que vivieron hace 4,4 millones de años y eran más primitivos y simiescos que Lucy. La especie recibió el nombre de Ardipithecus ramidus. Más tarde, una especie relacionada que vivió hace 5,2 o 5,8 millones de años se clasificó como Ardipithecus kadabba.

En aquel momento, hace seis años, C. Owen Lovejoy (Universidad del Estado de Kent), aseguraba: "Estamos, en efecto, acercándonos muchísimo al punto del registro fósil en el que ya no podremos distinguir al homínido ancestral de los chimpancés ancestrales, porque son anatómicamente muy similares".

Hay dos especímenes todavía más antiguos y aún más difíciles de interpretar. Uno, hallado en Kenia por un equipo francés, ha sido datado en seis millones de años y se le ha denominado Orrorin tugenensis. Los dientes y los trozos de huesos encontrados han sido pocos, aunque los descubridores creen que un fragmento de fémur indica que el individuo era bípedo, es decir, caminaba sobre dos piernas.

Otro grupo francés descubrió más tarde en Chad fósiles de 6,7 millones de años de antigüedad. El único espécimen, llamado Sahelanthropus tchadensis, sólo incluye unos cuantos dientes, una mandíbula y un cráneo aplastado. Los científicos opinan que la cabeza parece haber coronado un cuerpo bípedo.

"Éstos son claramente los homínidos más antiguos que tenemos", afirma Eric Nelson, especialista del Museo Estadounidense de Historia Natural [EE UU]. "Pero aún sabemos bastante poco sobre cualquiera de estos especímenes. Cuanto más nos retrotraigamos al punto de divergencia, más similares serán los especímenes de cada lado de la línea divisoria".
La evolución humana en épocas más recientes también plantea otros retos. ¿Quiénes eran esos "tipos pequeños" hallados hace pocos años en una cueva de la isla indonesia de Flores? Los descubridores australianos e indonesios llegaron a la conclusión de que un esqueleto parcial y otros huesos pertenecían a una especie humana distinta y ahora extinta, el Homo floresiensis, que vivió hace 18.000 años escasos.

La estatura y el cráneo aparentemente diminutos de la especie dieron pie a acalorados debates. Los detractores sostenían que no era una especie distinta, sino sólo otro Homo sapiens enano, posiblemente con un trastorno cerebral. Varios científicos destacados, sin embargo, apoyan la designación de nueva especie.

La tempestad provocada por el descubrimiento indonesio no es nada nuevo en un campo conocido por las controversias. Algunos especialistas recomiendan paciencia, y recuerdan que hasta años después de que se descubriera el primer cráneo de neandertal, en 1856, no se aceptó que los neandertales fuesen una rama antigua de la familia humana. En un principio, los escépticos refutaron el hallazgo alegando que no era más que el cráneo degenerado de un humano moderno o de un cosaco muerto en las guerras napoleónicas.

Quizá la analogía no sea todo lo alentadora que prometía ser. Los científicos siguen discutiendo hasta el día de hoy sobre los neandertales, su relación exacta con nosotros y la causa de su extinción hace 30.000 años, no mucho después de la llegada a Europa del único homínido superviviente y que tanta curiosidad siente por sus orígenes.

The New York Times



http://www.elpais.com/articulo/futuro/arbol/familia/humana/elpepusoc/20070725elpepifut_1/Tes

Orangutanes utilizan el agua como "utensilio" para comer cacahuetes.

Con tal de alcanzar los que flotan en un tubo transparente medio lleno de agua, los orangutanes aprendieron a escupir agua para elevar el nivel del líquido y así llevarse la golosina a la boca.

Natacha Mendes y sus colegas del Instituto Max-Planck de antropología evolutiva de Leipzig, observaron a cinco orangutanes hembras de Sumatra, de edades comprendidas entre 7 y 32 años, que habían crecido en el Centro Wolfgang-Kohler de investigación sobre los primates, cuyas dependencias se encuentran en el parque zoológico de esta ciudad de Alemania oriental.

Los experimentos consistieron en poner a los monos frente a este tubo de 26 centímetros de alto y cinco de diámetro. La cuarta parte del cilindro se había llenado de líquido y en su interior contenía los codiciados cacahuetes.

Los frutos no estaban al alcance de sus manos ni disponían de instrumentos cerca para llegar hasta ellos, excepto un estanque, explican los científicos en su estudio publicado en la página web de la revista británica 'Biology Letters'.

Todos los orangutanes resolvieron el desafío, constató el equipo de Mendes. Se las ingeniaron para llenar la boca con el agua del abrevadero que luego escupieron en el tubo una y otra vez hasta que el nivel de líquido de su interior les permitió ponerle la mano encima. Por tanto el agua se había convertido en un utensilio, concluyeron los científicos.

Esta utilización del agua no constituye un caso aislado. Los grandes primates, por ejemplo los gorilas, ya recurren al agua. En la República del Congo se ha observado cómo los machos, cuando están en presencia de una hembra, golpean con fuerza el agua o saltan en los pantanos para impresionar a sus rivales con las salpicaduras que se forman a su alrededor.

El campeón indiscutible en esta categoría es el pez arquero. Este pequeño habitante de las aguas saladas de Asia, de un máximo de 15 cm. de largo, escupe chorros de agua muy precisos de más de un metro de largo a los insectos o los gasterópodos de la vegetación.

París - AFP


Un bebé gorila ingresado en cuidados intensivos de un hospital alemán.

Esta noticia es un ejemplo más, de cómo cada vez más a nivel mundial, se está concienciando que los grandes simios, hermanos de nuestra propia familia, deben ser tratados de una forma especial y a semejanza nuestra. Cada vez es más habitual que sean tratados por médicos en lugar de por veterinarios.


La unidad de cuidados intensivos pediátricos del hospital de Munster atendió el pasado fin de semana a una paciente poco común llamada "Mary Zwo", un bebé gorila que recibió tratamiento por deshidratación e hipotermia, anunció el lunes el parque zoológico de esa ciudad del oeste de Alemania.

El pequeño primate, hallado el sábado semiinconsciente en brazos de su madre, fue ingresado en cuidados intensivos en este hospital para humanos, señaló el director del parque zoológico de Munster, Jörg Adler.El domingo por la tarde Mary Zwo, de tan sólo seis semanas, volvió con sus congéneres al zoológico, donde el lunes por la mañana recuperaba fuerzas, agregó. El bebé está todavía "muy cansado" y se le harán análisis de sangre para ver si puede ser trasladado a las dependencias de los grandes primates, en compañía de otros pequeños gorilas, dijo.Junto con el chimpancé, el bonobo y el orangután, el gorila ha sido incluido por el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente en la lista de los animales expuestos "a un riesgo elevado de extinción en el futuro inmediato o, en el mejor de los casos, en los próximos 50 años".



http://www.proyectogeo.com/noticias/nt_pages/nt_44548.asp


http://economia.eluniversal.com/2007/07/02/ten_ava_un-bebe-gorila-ingre_02A893055.shtml


http://www.elmundo.es/elmundo/2007/07/02/ciencia/1183391135.html

viernes, 29 de junio de 2007

ALTRUISMO DE CHIMPANCÉ

Un experimento con simios muestra que tienden a ayudarse aunque no esperen una recompensa.

Para quienes estén convencidos de que la generosidad y el altruismo son rasgos exclusivamente humanos y que los individuos de las demás especies animales se rigen por el egoísmo o, como mucho, por la perspectiva de recompensa, el jarro de agua fría llega en forma de unos curiosos experimentos con chimpancés. Para mayor rigor científico varios de los experimentos se han repetido con niños. Y el resultado es que tanto los chimpancés como las crías humanas son generosas, aunque las segundas son más espabiladas a la hora de echar una mano a los demás.


La duda acerca de si otros primates son altruistas no es nueva, y en los últimos años se han hecho algunos estudios al respecto. Hace un par de años un equipo de antropólogos del Instituto Max Planck (Leipzig, Alemania), constataron cómo unos chimpancés ayudaban a las personas recogiendo un bolígrafo que éstas dejaban caer.

Pero tal vez los chimpancés de los experimentos de Leipzig se mostraban dispuestos a hacer favores porque se trataba de sus cuidadores, y antes o después, aparecería un plátano u otra forma de estímulo agradable.
Para aclararlo, Felix Warneken y sus colegas del Max Planck han hecho ahora tres experimentos más sutiles con 36 chimpancés nacidos en libertad en Uganda, poco habituados aún al laboratorio, y otros tantos niños de un año y medio de edad.
El juego era de nuevo dejar caer un objeto y ver qué hacían el chimpancé o el niño. La diferencia esta vez estaba en que la persona implicada en la prueba no era un cuidador habitual.
El rasgo del altruismo o generosidad, en forma de ayuda a recoger un palo, se comprobó en diferentes condiciones: cuando había recompensa y cuando no; cuando el objeto estaba a mano o cuando había que hacer un poco de esfuerzo para alcanzarlo. "La única diferencia entre especies que hemos encontrado es que los niños son más rápidos a la hora de prestar su ayuda", afirman los científicos.
Pero, tal vez los niños y los chimpancés habían recibido alguna forma de educación previa en el ejercicio del altruismo. Además, los científicos querían comprobar si esa generosidad de los chimpancés se daba también entre congéneres no emparentados.

Warneken y sus colegas idearon otro experimento más elaborado. Un chimpancé está en una habitación y ve que en otra hay un plátano, pero no logra cogerlo porque la puerta está cerrada con una cadena. Él no puede desengancharla, pero sí que puede el otro chimpancé que está en otra habitación y que ve al primero afanarse, pero no el plátano, así que desconoce el porqué de tanto esfuerzo. Pese a ello, ocho de cada nueve chimpancés prestan ayuda al otro para conseguirlo.

Los científicos de Leipzig, que han relatado sus estudios y conclusiones en la revista Plos/Biology (una pujante publicación científica en Internet), quitan la razón a los estudios que en 2005 hizo la estadounidense Joan Silk, concluyendo que cuando un chimpancé se encontraba ante la disyuntiva de alimentarse a sí mismo o a todo su grupo, no mostraba tendencia alguna al altruismo.

Silk plantea ahora en la revista Nature si esos chimpancés no tendrán algo especial que les incline hacia el altruismo. O tal vez la juventud de los ejemplares influya y con lo años -en sus ensayos los chimpancés eran mayores- se hagan más selectivos en su comportamiento.